¿Quién no necesita un Plan B?

Plan B , 25 actividades gratuitas para tiempos de crisis



  La reseña de esta obra no la tenía prevista. No sé por qué. Quizás porque esta es una lectura ligera y mis reseñas, hasta el momento, han orbitado en torno a novelas de cierta envergadura. Pero fue el otro día conversando con una compañera cuando el libro me vino de nuevo a la cabeza.


 ¿Qué haces un fin de semana sin dinero? ¿Qué haces una tarde cuando ya te has aburrido de echar y echar currículums? ¿Qué haces una mañana cuando ya has acabado todos los cursos gratuitos habidos y por haber? ¿Qué haces si en tu entorno nadie tiene un rato libre que compartir? ¿Qué haces si te apetece disfrutar en soledad? ¿Qué se hace cuando no se tiene nada que hacer?


  Fue naufragando entre estas y otras cuestiones cuando recordé: Plan B. 25 actividad gratuitas para tiempos de crisis. Yo ya había tenido este libro en mis manos anteriormente y me había resultado curioso y entretenido. Lo busqué y lo regalé. ¿A quién? A una persona que lo necesitaba. Porque este libro puede gustar, pero sobre todo se puede necesitar. Y tal necesidad puede venir dada por circunstancias especiales o por momentos diferentes a los que una persona ocupada (personal o profesionalmente ) suele vivir.  No obstante, gustar, puede gustar a cualquiera. El autor de este compendio de ideas es José María Echeve Echepare, santanderino licenciado en Historia del Arte. Pinchando aquí podéis conocerlo un poco mejor a él. 






  Tal y como la propia sinopsis indica, este es un libro de ideas o de sugerencias, y no de consejos para una vida mejor, ni de teorías, ni de divagaciones ni de análisis psicológicos, económicos o sociales. Solo ideas.


 ¿Un ejemplo? Antes de envolver el libro, lo hojeé de nuevo y me releí la actividad "Ordenar papeles viejos". Puede parecer una tontería. Si buscas entretenimiento, "ordenar" no suena divertido (a no ser que seas Mónica, de Friends). Probé. Los papeles han de ser viejos: tickets, cartas, entradas, etc. Yo lo hice a mi manera. Me senté en la cama y observé pausadamente la corchera que cuelga de la pared de mi habitación, en la que durante años he pinchado todo aquello que me apetecía conservar. 


   Encontré , en ese corcho, multitud de momentos que , sujetos por viejas chinchetas, desafiaban día tras día al calendario. Muchas noches antes de apagar el flexo de mi habitación miro rápido esos papeles y me llevo a la cama conmigo uno de esos recuerdos. Pero hacía mucho tiempo que no los inspeccionaba con detenimiento, que no escrutaba las fechas, que no me fijaba en la caligrafía de las notas o que no intentaba traer a la memoria los detalles que motivaron mi interés por conservar aquellos trozos de papel. 




Numerosas entradas de conciertos
,una foto de periódico en la que tres amigas leemos concentradas en la biblioteca, la letra de una canción garabateada en unos viejos apuntes, un azucarillo con la cara de mi poeta favorito estampada, una postal de París, el primer dibujo que me hizo mi hermano pequeño, una etiqueta de material arqueológico de la primera excavación a la que asistí, un billete de avión que llegó en un cumpleaños alucinante, la púa de un concierto que ya acumula ocho años de polvo, la pulsera de un festival pasado por agua, el ticket de mi primer café Starbucks, unas albarcas talladas a mano por el último ebanista de mi pueblo... ¿Qué más? Veamos: artículos de periodistas cuyas palabras me hacen seguir adelante, las entradas de todas las cuevas que visité, un planning titulado "Nosotras y las fiestas de este verano", el envoltorio de un paquete de Sugus compartido que, tras muchas horas estudiando, nos supo a gloria, la tarjeta de embarque de aquel avión que a punto estuve de perder por exceso de diversión...  Mi primera entrada de cotillón,  postales de monos y chimpancés (mi debilidad) firmadas por amigos, dibujos de tantos niños a los que cuidé o di clase, envoltorios de regalo con dedicatorias rápidas y geniales, negativos de fotos que nunca fueron reveladas, post-it que me han ido dejando en cuadernos, hojas, estuches, mesas... con mensajes difíciles de olvidar. También, pedazos de carteles robados, la tarjeta de agradecimiento del anciano al que enseñé a usar "el interné", números de teléfono en servilletas, grandes ideas apuntadas en etiquetas de cervezas, trozos de un disfraz, recortes de personas a quienes admiro y que desde el papel de periódico me dicen: "Nadie dijo que fuera fácil". Por uno de los costados, el primer y humilde premio que gané por algo que escribí... Y, aunque difícil de encontrar, algún recóndito y diminuto hueco libre en el corcho que me recuerda que aún queda mucho por vivir. 



 Fue, el mío, un rato genial. Yo no tenía papeles viejos que ordenar, yo tenía recuerdos. Recuerdos felices. Todos y cada uno de ellos. Recuerdos que, sin pensarlo, volvería a vivir. Quizás por ello permanezcan ahí colgados. Quién sabe si una tarde necesite un plan B. Por si se diera el caso, ahí, en mi pared, tengo montones de planes B. Desordenados, eso sí. Lo de poner orden sólo era un excusa. 


  Si vosotros tampoco conseguís ordenarlos, no os preocupéis. Sospecho que así acaban todas las tardes en que alguien se pone a ordenar papeles viejos. Y, por ello, Echeve nos avisa:



"Casi es de noche. Has tirado la tarde entera y muy pocas hojas. No importa, pues el viaje ha merecido la pena. Te bebes un vaso de agua asomado a la ventana. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que no has ordenado los papeles, pero sí un poquito tus entrañas".




 Ahora os toca a vosotros. Ésta es sólo una de las 25 actividades propuestas por Echeve. ¿Os atrevéis con el Plan B?

El descubrimiento de las brujas, trilogía All Souls (1)

  En el corazón de la Biblioteca Bodleiana de Oxford, la apasionada historiadora Diana Bishop se topa en medio de sus investigaciones con el manuscrito identificado como Ashmole 782.

  Descendiente de un antiguo linaje de brujas, Diana intuye que el manuscrito está relacionado de alguna manera con la magia, pero no quiere tener nada que ver con la brujería. Y después de tomar algunas notas sobre sus curiosos dibujos, lo devuelve sin perder más tiempo a las estanterías. Lo que Diana no sabe es que se trata de un manuscrito alquímico que ha estado perdido durante siglos y cuyo descubrimiento ha desencadenado que hordas de daimones, vampiros y brujas salgan a la luz de las salas de lectura de la Biblioteca.

  Una de esas criaturas es Matthew Clairmont, un enigmático genetista, amante del buen vino y vampiro milenario, cuya alianza con Diana se hará progresivamente más íntima y poco a poco surgirá entre ambos una relación que hará tambalear los tabúes asentados desde hace tiempo en un mundo secreto y encantado.

    La teoría de la evolución de Darwin no contempló todos los seres que habitan la Tierra, pero Deborah Harkness lo ha hecho en esta emocionante e ingeniosa novela. Desde Oxford a Nueva York, y de aquí a Francia, la magia, la alquimia y la ciencia nos desvelan sus verdaderos vínculos en el libro definitivo sobre la brujería y sus poderes.

  

 El Descubrimiento de las Brujas es una novela de género fantástico, cuya acción transcurre en el Oxford más actual, y que aúna una investigación histórica acerca de los albores  y el desarrollo de la Alquimia, y una cuidada ambientación de seres y hechos sobrenaturales.


  La autora nos introduce en la novela de la mano de la historiadora Diana Bishop, quien es a la vez narradora y protagonista de una trama que conjuga sucesos históricos y hazañas mágicas. Además de fantasía, ficción histórica e intriga, El Descubrimiento de las Brujas contiene un trasfondo romántico al más puro estilo de Crepúsculo.

  Empezando con la sinopsis  del libro,  se puede comentar que es, para mi gusto, demasiado extensa. No obstante, sabe captar bien la atención del lector presentando a la protagonista principal y exponiendo a modo de síntesis los primeros acontecimientos a los que esta ha de enfrentarse.


  Si bien soy de lo opinión de que las sinopsis deben ser escuetas y enigmáticas para no aburrir al potencial comprador ni desvelar demasiada trama, considero que en este caso deberían haber, al menos, mentado la historia de amor que, aunque al principio no cobra ningún tipo de importancia en el libro, hacia la mitad lo ocupa todo. Tanta trama amorosa para quienes no somos nada aficionados al género romántico se convierte en un verdadero chasco. 


  Sin embargo y, a pesar del inconveniente que para algunos, como para mí, supone el aguantar pasajes demasiado empalagosos, la novela vale la pena si de pequeños (o de adultos) os encandiló la magia de Harry Potter de J.K Rowling, de Luces del Norte de Philip Pullman o de Las brujas de Roald Dhal, si sois aficionados a las novelas de suspense e investigación y, sobre todo, si os gusta la historia. No, no la ficción histórica (que también), sino la historia. 


  La obra se refiere constantemente a personajes y a sucesos históricos. Además, relata muy bien el proceso de investigación académica de un historiador (becas, estancias, trabajo de documentación, expectativas, objetivos...).


  Para mí es justamente eso (quizás debido a mi formación como historiadora) lo que hace del libro, una buena novela. Es un verdadero placer sumergirse en los misterios de las brujas de Salem, recorrer vetustas bibliotecas, leer sobre los manuscritos de enigmáticos alquimistas y sobre la historia de los primeros genetistas,  divagar sobre las cazas de brujas e identificar y comprender los problemas de reconocimiento social y financiación con los que los investigadores del pasado a menudo se encuentran.


  La bruja e historiadora Diana Bishop se encuentra enfrascada en su trabajo de investigación sobre la alquimia, el cual realiza desde hace años en el marco de su especialización en Historia de la Ciencia, mientras disfruta de una estancia en Oxfdord. Cuando, en la biblioteca Bodleiana, Diana se topa con el Ashmole 782, manuscrito alquímico perdido durante siglos, antiguas ambiciones empiezan a despertar, y el revuelo de aquellos que velan por el orden natural de las criaturas (los humanos, las brujas, los vampiros y los daimones) empieza a inferir en su vida.


  A excepción de los humanos, en su mayor parte ajenos a su convivencia con el resto de seres, todos anhelan la posesión del libro que parece tener las respuestas a sus propias existencias. ¿De dónde surgió cada especie? ¿Por qué no pueden reproducirse unos con otros? ¿Por qué solo una bruja puede leer tal manuscrito? ¿Qué oscuros poderes lo protegen? Y, ¿qué relación puede mantener todo esto con la investigación en la que Diana tanto ha trabajado? 


  Para ayudarla a resolver todos estos interrogantes y para plantearle aun más, surge Matthew Clairmont, famoso y respetado genetista afincado en Inglaterra. Con el fin de obtener respuestas, Diana visitará con él las afueras de Oxford, la campiña francesa e incluso retornará a su hogar en Estados Unidos. Pero ¿quién es realmente Matthew y cuáles son sus verdaderos intereses en el asunto más allá del saber científico?




 Mi opinión se ha ido diluyendo a lo largo de la reseña. Poco a poco he ido desgranando los aspectos que  más me han gustado y los pocos defectos que he encontrado a la novela. Pero los puntos que voy a destacar son los siguientes:


 - El estilo de la autora es sofisticado y elegante, sabiendo al tiempo personalizarlo al máximo en la voz de Diana Bishop. Se extiende mucho en los detalles sin llegar a perderse en ellos, pero otorgando a la imaginación escenarios muy bien construidos y localizaciones repletas de  particularidades.


 - Los dos protagonistas son complejos y al leer uno sabe darse cuenta de lo mucho que la autora ha profundizado en ellos. Cuentan con personalidades muy fuertes y muy bien definidas. No obstante, teniendo la autora tal habilidad para crear personajes logrados, se echa de menos que no se involucre de la misma manera con los personajes secundarios. Estos actúan y tienen importancia en la trama, pero se cuenta poco acerca de sus vidas, su pasado o sus relaciones con los protagonistas. 


- Como acierto principal, sobresale la destreza con la que la autora combina historia y ficción, pareciendo durante la lectura casi invisible la línea que las separa.


- Y, como única pega, destaca lo desequilibrada que queda la novela, perteneciendo esta durante la primera mitad de la obra de manera indiscutible al género fantástico, y pareciendo en algunos capítulos de la segunda parte una novela de género únicamente romántico.


- Cabe comentar también que la edición de la obra hecha por Suma de Letras es original, bonita y cuidada.


- Por último, solo añadir que para quienes somos aficionados a la fantasía es una novela imprescindible y de una calidad asombrosa. Totalmente recomendable.