Hannah, Christian Gálvez



  Una llamada, una cartilla de reclutamiento de las fuerzas armadas de la Alemania nazi y una frase escrita a mano en su interior desencadenan una crisis emocional en Hannah.

«Hannah, niña número 37. G. Wolf»
El nombre de G. Wolf surgirá con fuerza y se convertirá en el hilo conductor que le permitirá sumergirse en la historia de su abuela, una superviviente de la Segunda Guerra Mundial que nunca contó a su nieta la odisea de su familia en la Italia ocupada por los nazis.
Hannah revela una danza entre pasado y presente en una ciudad: Florencia. La ciudad de los puentes sobre el Arno como testigo de la barbarie y la crueldad del fascismo en 1944, pero también como cuna de hombres y de mujeres, amantes del arte y de la cultura, que, a pesar del conflicto bélico, trataron de hallar algo de luz en un periodo de oscuridad.






   No voy a mentir: fue la portada, el Ponte Vecchio de Florencia en dos tiempos, lo que me sedujo y me encaminó hacia la lectura de esta novela. También es verdad que me sorprendió quién firmaba la autoría del libro, Christian Gálvez, pues tenía entendido que solo se dedicaba a divulgar el Renacimiento. Sin embargo, y a pesar de mis reticencias iniciales (no me suelo inclinar por autores mediáticos y, como historiadora, huyo intencionadamente de la Segunda Guerra Mundial y de otros conflictos tan explotados), la mecha de la curiosidad ya estaba prendida en mí y me precipité a devorar el libro.


 
   


   El leitmotiv de Hannah, novela de género histórico, es Gerhard Wolf, cónsul alemán en la Florencia ocupada por los nazis que ayudó a huir de manera clandestina a centenares de judíos y que en todo momento trató de salvaguardar el bienestar de los florentinos y la integridad de todas las manifestaciones artísticas que la bella ciudad albergaba. 






  No obstante, no se trata de una biografía novelada sino que el lector conoce la historia de este personaje histórico a través de dos tramas y de dos planos temporales. La primera historia es narrada en primera persona, se desarrolla en la actualidad y la protagoniza Hannah, una joven psicóloga española que vive en la ciudad del lirio con la intención de acabar su tesis doctoral sobre las expresiones faciales en el arte del Renacimiento, y que debe dejar de lado su investigación académica para sacar a la luz la historia de su abuela y tocaya Hannah, niña judía número 37 rescatada por el Wolf, el "lobo de Florencia". 


   La segunda trama se ambienta en la misma ciudad pero entre 1940 y 1944, se cuenta en tercera persona y es el propio Wolf el protagonista: de su mano descubriremos la transformación social y política de la ciudad desde su llegada, y cómo este diplomático se creció ante la adversidad para acabar salvando incontables vidas. La última de ellas, en el puente Vecchio, la de una huérfana judía llamada Hannah. 


   Esta lectura tiene algunos de esos ingredientes que siempre busco en una buena novela. Para empezar, una ambientación atractiva. Florencia sin duda ya lo es por sí misma, pero el autor hilvana cada referencia a la urbe con tanto detalle (nombres de calles, de monumentos, paisaje, comercios, costumbres, manjares gastronómicos, canciones, sensaciones, dichos, disposición interna de los museos...) que al lector se le hace complicado no trasladarse allí en apenas un par de párrafos. Una recreación muy trabajada y que, desde luego,  rezuma verdadera pasión por la ciudad que el río Arno atraviesa.


   Por otro lado, una protagonista con la que empatizar. Hannah tiene una voz muy personal y cercana que revela una  divertida y sensible personalidad millenial que va evolucionando a lo largo del tiempo. En mis críticas soy muy pesada con los perfiles lingüísticos, con el saber unir en la construcción del perfil al personaje con una voz que lo reafirme. Christian sabe hacerlo y, por eso, en un par de capítulos ya nos da la sensación de conocer a Hannah de toda la vida. Esto, además de la narración en primera persona, lo consigue mencionando canciones (Morgan, Fito Cabrales...), lemas y diseñadores (David Delfín), adicciones y placeres (el café, la birra Moretti...), pasiones e inquietudes (la psicología), debates intelectuales con colegas, etc. Es decir, hace gala de su brillante manejo del don´t tell me, show me. 


"¿Podemos heredar un recuerdo traumático? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Los investigadores ya han demostrado que ciertos temores pueden heredarse de generación en generación, al menos en los animales. A día de hoy, yo sigo dándole vueltas a la cuestión. Mi nombre es Hannah. Podría ser tú. Podría ser cualquiera".



   
  Además del de la propia Hannah, la construcción del resto de los personajes de la novela también es destacable. Su otro protagonista, Wolf, está muy trabajado tanto a nivel de documentación como a nivel de caracterización. Y, tan bien recreados como el cónsul, están el resto de personajes históricos que lo rodean, desde diplomáticos, cargos militares, autoridades locales y eclesiásticas, periodistas y artistas hasta vecinos. Esto revela una labor de investigación apoteósica que merece toda mi admiración. Una tarea, además, que es palpable a cada página y que creo que el autor ha disfrutado mucho.




  El estilo del autor es directo y sencillo, con un toque juvenil en la trama del presente y un cariz periodístico en algunos fragmentos de la línea argumental del pasado (por cómo se suceden en su escritura los numerosos datos sobre la situación político-militar). Y, también, con algunos fragmentos  tan sugerentes y, a la vez, intrigantes, que no puedes ni quieres dejar de leer:


"La ciudad olía a pólvora y a restos de mármol. También a derrota. El legado de los Médici se caía a pedazos. La bota militar impactó en su boca. La mujer cayó de espaldas".

   La única pega que podría ponerle a su pluma es que en la narración de Gerhard Wolf el autor abusa un poco del uso de las citas (sobre todo, de las de Goethe). Aunque normalmente valoro positivamente este recurso, llega un momento, hacia el final de la novela, en las que entorpecen la lectura, ya de por sí algo densa por la naturaleza de los acontecimientos a relatar (la retirada de los nazis por el avance de los aliados hacia la ciudad). Si bien dar a conocer los referentes e ídolos de un personaje es una útil herramienta para que el lector lo conozca mejor, el uso de tantas citas y frases célebres abruma un poco.


   Por último, el ritmo de la novela es ágil gracias a la alternancia entre las dos líneas temporales y a la brevedad de los capítulos. Quizás, hacia el final, cuando el contexto histórico lo ocupa casi todo y la ambientación va devorando el resto de los elementos literarios, he echado de menos más saltos entre ambas tramas: un respiro, un final más equilibrado entre ambas realidades.


  En conclusión, ¿recomiendo este libro? Muchísimo. Para mí, una de las grandes sorpresas de lo que llevamos de 2020.

El secreto de la casa del río, Sarah Lark




 SOLO DESCUBRIENDO EL PASADO DE SU FAMILIA,

 PODRÁ ENCONTRARSE A SÍ MISMA.

Una historia apasionante y envolvente sobre cómo el pasado puede irrumpir con fuerza y cambiar el presente para siempre.

Viena, en la actualidad. A causa de la inesperada enfermedad de su prima más querida, Ellinor descubre un secreto familiar oculto hasta entonces por su madre: la abuela materna de Ellinor fue una niña adoptada, por lo que ni ella ni su madre están biológicamente vinculadas a la que hasta entonces ha considerado su familia. En busca de sus orígenes, Ellinor viaja a Dalmacia, donde descubrirá que su bisabuelo, Franzo Zima, desapareció en medio de la noche probablemente rumbo a Nueva Zelanda. Siguiendo su rastro, descubrirá una trágica y emocionante historia de amor y desamor.



  No quedan muchos lectores en el mundo a quienes Sarah Lark les sea ajeno, bien por ser aficionados a sus novelas, bien porque, sencillamente, sus libros irrumpen un par de veces al año en los escaparates de todas las librerías.


   Por ello, no me voy a detener en quién es Sarah Lark ni en cómo llevó un subgénero, el landscape, a lo más alto de las tendencias literarias. Sí me voy a detener, por el contrario, en elogiar su nuevo título, El secreto de la casa del río: no era la lectura que me esperaba y, aun así, me ha encantado. Fue acabar la novela y, al momento, empezar a echarla de menos.


  

   Igual que en la última publicación que El club de embajadoras de Sarah Lark me permitió leer en primicia, Bajo cielos lejanos, esta historia se vertebra en dos líneas temporales, una en la actualidad y otra en el pasado que se nos va desvelando a medida que los personajes del presente van investigando y echando luz sobre ella. 


 
  

  También como en otros de sus libros, el personaje principal es una mujer que experimenta a través de un viaje a un país lejano y desconocido una pequeña aventura. En este caso, Ellinor es una historiadora que trabaja en Viena como personal administrativo universitario y que está casada con Gernot, un artista que trata de abrirse hueco en las galerías internacionales. Su meta, quedarse embarazada, pasa a segundo plano cuando, a causa de la enfermedad de una familiar, se enfrenta a la noticia de que su madre y ella no comparten lazos de sangre con la que siempre creyó que era su familia materna, y decide investigar por qué.


  Esta premisa de inicio es el detonante que mueve a nuestra protagonista de Austria a Croacia primero y a Nueva Zelanda después tras los pasos de su bisabuelo Frano Zima. No hay nada novedoso en este formato: un viaje de autodescubrimiento, destinos con mucho potencial histórico  y geográfico sobre el que escribir, personajes que se encuentran en un punto de inflexión  y una trama familiar suficientemente sólida como para unir pasado y presente.


 Entonces, ¿por qué recomiendo tan fervientemente esta novela? Allá vamos:


- La protagonista de la historia que tiene lugar en el presente, Ellinor, no es el personaje femenino al que los lectores estamos acostumbrados en este tipo de lecturas. No es valiente, irreflexiva y apasionada. Tampoco es una mujer temerosa, indecisa o tímida a quien un cambio radical en su vida le hace cambiar... No, nada que ver. Con Ellinor cuesta empatizar y cada dos por tres dan ganas de gritarle "¡Espabila!". Es un personaje alegre y sociable pero pasivo que se entrega totalmente, de manera sumisa, a su marido. Únicamente pone por encima de él el valor que para ella tienen la familia y las raíces. Ella mantiene a su pareja económicamente, renuncia por él a sus anhelos profesionales (como el doctorado), limita su vida social y se desentiende de sus aficiones. Eso, aunque suene extraño, me ha encantado. Asistir a una narración omnisciente de una protagonista tan poco habitual en esta literatura, entender su manera de pensar y de relacionarse, es revelador e interesante. Por su parte, Frano Zima, personaje central de las tramas acontecidas a principios del siglo XX, tampoco tiene desperdicio. Si bien al principio su construcción puede resultarnos facilona y tendente al cliché, según se va descubriendo más sobre él, más real se nos va antojando este donjuán dálmata. 


- Los mecanismos narrativos que se usan para contar la historia del pasado, que se divide en tres subtramas (una en Dalmacia y dos en Nueva Zelanda), son variados: un testimonio oral, un diario y el reportaje de un periodista confeccionado con viejas cartas. Esta variedad de recursos enriquecen la lectura y, aun siendo un libro extenso, el ritmo es realmente ligero gracias a esto y a una prosa con un estilo muy directo. ¡La lectura se hace incluso corta!


-Dalmacia y Nueva Zelanda en los albores del siglo XX. Sarah Lark ha destacado siempre por las ambientaciones. En dos líneas nos traslada a tierras lejanas y nos las muestra en todo su esplendor. Pero, además, Sarah en cada historia nos inicia en alguna realidad histórica poco conocida o casi olvidada. En Dalmacia, se trata de los viticultores de principios de siglo.


  Y, en las antípodas, se sigue el rastro de estos viticultores pobres, tras su emigración; jóvenes que en las postrimerías de los años veinte partieron de lo que hoy es Croacia rumbo a Nueva Zelanda para ganarse la vida como gumdiggers, extrayendo la resina de viejos kauris conservados en zonas pantanosas. La resina era una sustancia sumamente valiosa en la producción  nacional de barniz y, a su vez, este producto era un elemento fundamental en las exportaciones neozelandesas.


 La madera de los kauris, por su parte, trabajada tradicionalmente por los maoríes para sus tallas, empieza también en estos años revalorizarse como materia prima para muebles de lujo.  Los contextos sociales y económicos recreados son tan interesantes en sí mismos como las propias tramas a las que visten.  Y, en ese hervidero de oportunidades ligadas al kauri, transcurre parte de la historia de Frano Zima; la suya, una triste vida de amor, mentiras, desengaño y venganza.


  En conclusión, he devorado esta novela. Con Sarah he cruzado un océano, he recorrido un país, he conocido una época fascinante, he descubierto una realidad, la de los gumdiggers, olvidada, me he emocionado con las historias de Liliana, Clara y Alison, he sufrido con Frano Zima y, gracias a Melvin y a Ellinor, me he reconciliado de nuevo con la vida. 



 Gracias a Megustaleer y al Club de Embajadoras de Sarah Lark por el ejemplar y por contar conmigo.


La moneda de Akragas, Andrea Camilleri

  

   

Tras un largo asedio, Akragas (actual Agrigento) se rinde a los cartagineses en el año 406 a.C. La ciudad es destruida. 

En 1909, es hallada en un campo de cultivo una pequeña moneda de oro valiosísima y única en el mundo.Presa de la emoción, el doctor Stefano Gibilaro, médico titular de Vigàta, se cae del caballo y se rompe la pierna.


 Así comienza una historia rocambolesca que se desarrolla entre los campos de Vigàta y la Mesina destruida por el terremoto de 1908. Sus giros inesperados, trágicos y cómicos, que Camilleri realiza con notable habilidad, nos llevarán a un imprevisible desenlace.





   No dudéis ni un momento de si dar o no una oportunidad a esta singular historia. No os llevará mucho tiempo (y ahora, en plena pandemia, a muchos os sobra) y, a cambio, el maestro Andrea Camilleri os compensará con un ligero y breve paseo por una Sicilia (su Sicilia...) que en los albores del siglo XX todavía era en gran parte ajena a la industrialización y a la vida acelerada que hoy muchos padecemos.


   
    

    

    A caballo entre el costumbrismo y  la crónica, con un estilo más periodístico que literario, el autor desarrolla, con un matiz humorístico al estilo de las novelas de enredos, la historia del médico Stefano Gibilaro, de Vigàta (la misma del detective Montalbano, basada en la Porto Empedocle natal del autor), y de una moneda de oro de origen agrigentino (antes Akragas) que quedó sepultada tras el asedio cartaginés (406 a.C.) y cuyo incalculable valor hace que ambos, doctor y moneda, vivan una pequeña odisea inspirada en hechos reales.




   El autor se vale de un narrador en tercera persona  para con un mucha presencia de diálogos, descripciones concisas y una pluma ágil que huye del sentimentalismo  y de la reflexión, sacar a la luz estos sucesos que, según la nota del autor, han sobrevivido durante años a modo de leyenda en el seno de sus antepasados familiares. Es, por tanto, algo que él tenía ganas de compartir con sus lectores.

    Los personajes solo son un medio para contar la historia, por lo que su construcción no es profunda ni su evolución es palpable, y es que no hace falta. Con perfilarlos  (una sucinta descripción y el uso de una voz bien trabajada para cada uno de ellos) basta para que todo se ponga en marcha. No hay subtramas ni sorpresas ni desenlaces inesperados y la ambientación es tan solo un telón  de fondo que no cobra más importancia que el cualquier otro marco geográfico tendría.


    Entonces, si nada sobresale especialmente, ¿por qué es tan recomendable la lectura?  Porque a veces no anhelamos un largo viaje, tan solo queremos dar un paseo. No siempre buscamos una profunda inmersión, tan solo nos apetece darnos un chapuzón. Porque, en un momento como este (marzo-abril 2020) en el que en todo el planeta los seres humanos nos hemos visto privados de nuestra cotidianeidad, disfrutar de una crónica sin ínfulas de grandeza, de una historia habitual y, al mismo tiempo, anecdótica, nos devuelve la esperanza en recuperar cuanto antes nuestro vida diaria, esa que ahora vemos que, en mucho sentidos, realmente era extraordinaria. 

Todos somos villanos, M.L. Rio


El día que Oliver Marks cumple su condena, el hombre que lo puso en la cárcel está esperándolo a la salida. El detective Colborne quiere saber la verdad y, después de diez años, Oliver finalmente está listo para contársela.


Una década atrás: Oliver es uno de los siete actores shakespearianos en el Conservatorio Clásico Dellecher, un lugar donde rige la cruda ambición y la competencia feroz. En este mundo apartado, de chimeneas encendidas y libros con encuadernación de cuero, Oliver y sus amigos interpretan los mismos papeles arriba y abajo del escenario: el héroe, el villano, el tirano, la seductora, la ingenua, los extras.

Pero en su cuarto y último año de conservatorio, las rivalidades amistosas se vuelven desagradables, y en la noche de estreno, la violencia real invade el mundo de fantasía de los estudiantes. Por la mañana, los chicos de cuarto año deben enfrentar su propia tragedia y su desafío actoral más difícil: convencerse unos a otros y a la policía de que son inocentes.
¿Quién es quién en esta historia?





  Todos somos villanos es un ameno viaje narrativo que nos conduce, a través del teatro shakesperiano y de las dinámicas afectivo-sociales de un grupo de amigos, a una intriga criminal que explora el comportamiento humano en situaciones inesperadas, llevándonos a los lectores incluso a preguntarnos por nuestra propia naturaleza.


Os invito a descubrir esta original novela publicada por Umbriel Editores el pasado mes de febrero en el siguiente enlace.

La mansión de los chocolates, de Maria Nikolai


Stuttgart, 1903. Como hija de un próspero fabricante de chocolate, no parece que el futuro de Judith Rothmann vaya a estar sometido a muchos sobresaltos. Lo que se espera de ella es un buen matrimonio e hijos que aseguren la continuidad familiar. Pero las previsiones son engañosas y el destino, imprevisible. La aspiración de Judith es tener un rol importante en la compañía, y casarse sin estar enamorada no entra en sus planes. Mientras tanto, Hélène, su madre, cansada de una ciudad y un marido que ahogan su espíritu libre y apasionado, sigue una cura de reposo a orillas del lago de Garda. Allí descubre que todavía está a tiempo de cambiar su anodina vida en Alemania por otra independiente y libre en Italia.






  La mansión de los chocolates es una dulce novela romántica cuya trama se desenvuelve en una preciosa ambientación histórica que hará las delicias de los aficionados de ambos géneros narrativos. 


 De las páginas de este libro, de lectura ágil (capítulos breves) y prosa sencilla, se deslizan las  historias vitales de dos mujeres, Judith y Hélène, hija y madre, que acontecen respectivamente en Stuttgart  (Alemania) y en Riva, en el lago de Garda, y Venecia (Italia).


  La de Judith es la historia principal y refleja la evolución de una joven de rica familia burguesa (su padre es el propietario de la famosa fábrica de chocolates Rothman) desde los encorsetados círculos sociales que la rodean y las rígidas normas de conducta en las que ha crecido hacia la emancipación, la realización profesional y, en definitiva, la felicidad. Además de sus entrañables hermanos Karl y Anton que protagonizan divertidas travesuras, del personal del servicio (Dora, Robert, Gerti, Babette...), de sus amigas Dorothea y Charlotte, y de las trabajadoras de la fábrica (como Pauline), hay un personaje, Victor, que es clave en la transformación de Judith, no por ser su detonante sino por ser su apoyo incondicional. 


Victor Rheinberger, a su vez, protagoniza su propia subtrama. Ésta empieza en la fortaleza prusiana de Ehrenbreitstein, donde cumple condena por una falta de honor. Desde su salida, él huye de Berlín y de la carrera militar que,obligado, había iniciado en el pasado y trata de comenzar una nueva vida en Stuttgart, primero trabajando en la fábrica de chocolates Rothman y más tarde haciéndose un hueco en el mercado con un invento que su amigo Edgar Nold y él desarrollan. Sin embargo, alguien tiene aún un asunto que resolver con él y, entre espías y contra-espías, la vida de Victor se va complicando más de lo que él había esperado. 


  Por su parte, Hélène huye de un infeliz matrimonio concertado y del que nunca sintió como su hogar hacia un sanatorio en Riva, donde empieza desde cero dejando atrás su pasado (y, por ende, a su marido e hijos). De esta manera, comienza a pintar, a ganarse la vida sin depender del señor Rothman y a forjar amistades afines. Es decir, comienza a labrarse su propia vida, una en la que se siente cómoda y ella misma, enfrentándose así a los roles impuestos por su posición social y, sencillamente, por ser mujer.

 La lectura de este libro se asemeja a hallar un portal temporal por el que poder observar el día a día de algunas familias burguesas y de algunos aristócratas, las condiciones de vida de los asalariados de las fábricas,  los abusos que habían de soportar en algunos casos los empleados del servicio doméstico, etc. Esta novela, que no se caracteriza por grandes intrigas y peca un poco de predecible, es un paseo tranquilo y sosegado por la Europa de comienzos del siglo XX a través de los ojos de dos mujeres que se revuelven ante lo establecido.

 
  La construcción de los personajes es convincente y, aunque son numerosos (al final podemos encontrar un índice de los mismos), se nota que la autora ha trabajado en cada uno de ellos pues ninguno queda desdibujado u ocupa un lugar o un rol incoherente con la propia historia. Sí que es verdad que la transformación que Judith experimenta está ya un poco manida como elemento vehicular de toda una trama pero, al fin y al cabo, la novela es sobre su historia por lo que tampoco resalta especialmente como un tópico o un cliché. Y Victor, personaje masculino, en el desenlace se alza como el salvador de una forma tan exagerada que desmerece de un modo casi insultante a las protagonistas femeninas.



 En cuanto a la ambientación histórica, se asiste al nacimiento de la lucha sindical, del movimiento obrero y de la expansión del pensamiento socialista. También, a la segunda revolución industrial y a  un incipiente y discreto movimiento feminista. Todo ello, como telón de fondo de las historias de Judith y de Hélène.

  En conclusión, La mansión de los chocolates es lectura amena y entretenida que, sobre todo, encandila por la fantástica recreación histórica y por la sencillez de una bonita historia de amor.


Recomendaciones de diciembre



Os dejo por aquí mis dos últimas lecturas de este mes. Sus reseñas han sido publicadas en El Placer de la Lectura. Os dejo a continuación los enlaces para que conozcáis en profundidad estos maravillosos libros.





  La maldición del verdugo de Nesa Costas (Red Apple) es una novela juvenil fantástica de narración coral en la que seres sobrenaturales conviven diariamente con humanos, siendo los segundos ajenos a la existencia de los primeros.  Libro que adorarán los lectores de The Raven Boys o de Cazadores de Sombras.








Lota, la cachalota, es un álbum infantil creado por el Colectivo Rosa Sardina con Roser Rimbau, editado por Takatuka y dirigido a niños de entre tres y cinco años. Destaca, sobre otras opciones infantiles, por el mensaje reivindicativo y por la composición plástica que lo reafirma. ¡No os lo perdáis!


Una maldición oscura y solitaria, Brigid Kemmerer

Deben enamorarse para romper la maldición.Condenado por la maldición de una poderosa hechicera a repetir el otoño de sus dieciocho años, el príncipe Rhen, heredero del trono de Emberfall, pensó que sería fácil salvarse si todo lo que hacía falta era que una chica se enamorara de él. Pero eso fue antes de que se transformara en una bestia despiadada sedienta de destrucción. Antes de que arrasara con el castillo, destrozara a su familia y acabara con toda la esperanza., 

Para Harper, Nunca nada ha sido fácil. Abandonada por su padre, con su madre agonizante y un hermano que la subestima constantemente debido a su parálisis cerebral, Harper tuvo que aprender a ser fuerte para sobrevivir. Cuando intenta salvar a una extraña en las calles de Washington DC, termina siendo arrastrada a un mundo mágico.

Deben romper la maldición para salvar al reino.Harper no sabe dónde está ni qué creer. ¿Un príncipe? ¿Una maldición? ¿Un monstruo? Al pasar tiempo con Rhen en esta tierra encantada, comienza a comprender qué es lo que está en juego. Y cuando Rhen se da cuenta de que Harper no es solo otra chica que conquistar, la esperanza vuelve a inundarlo. Pero fuerzas poderosas se ciernen sobre Emberfall… y hará falta más que una maldición rota para salvar a Harper, Rhen y su pueblo de la completa ruina.





  La novela Una maldición oscura y solitaria  es otro retelling más de la La bella y la bestia, obra de la que últimamente se han hecho muchas versiones y adaptaciones. Mientras que la reciente Máscaras de Amy Harmon se inspiraba en el clásico para contarnos una tierna historia sobre el amor y la superación ambientada tras los atentados del 11S en E.E.U.U., Brigid Kemmerer hace uso del mismo cuento para hacernos llegar otra historia de superación pero esta vez sumergiéndonos en un universo de fantasía medieval.



 
  

A mí el concepto retelling me ha llamado mucho la atención siempre y, la verdad, pocas veces lo he encontrado apropiado. Salvo alguna excepción como la saga Suspiros de A.G. Howard (retelling de Alicia en el país de las maravillas), su uso siempre me ha parecido una herramienta de márketing. Eso sí, efectiva. Por eso, de antemano aviso a los potenciales lectores de Una maldición oscura y solitaria de que el único elemento común que encontrarán en esta novela con La bella y la bestia  es la existencia de una maldición en forma de criatura monstruosa. Yo más que de un retelling hablaría de una inspiración y punto. Pero, ¿qué importa eso cuando la novela por sí misma es lo suficientemente buena?  Una maldición oscura y solitaria es una novela de fantasía juvenil publicada en España en 2019 por el sello Puck. Tendrá una segunda parte (Un corazón feroz y roto, si no cambian la traducción), que saldrá a la venta en el mercado anglosajón en enero de 2020 y que pondrá fin a la bilogía de la que forma parte. 



  La historia es narrada en primera persona a través de dos voces, la de Harper y la de Rhen, las cuales se van alternando a lo largo de los numerosos pero breves capítulos. De este modo, conocemos de primera mano el mundo de Harper (Washington DC) y el de Rhen (Emberfall), al que Harper llegará llevada por Grey, el tercer personaje principal de la historia. 

  La autora, con una prosa sencilla y estilo desenfadado, traslada con ligereza al lector al escenario fantástico sin detenerse en largas descripciones ni ahondar en detalles. Si bien esto fomenta un ritmo de lectura muy ágil, también hace necesario que el lector emplee grandes dosis de imaginación para poder seguir el hilo narrativo. Es decir, estamos ante una lectura fácil pero no apta para todos los públicos, aquel que no esté muy interesado en la trama general (la maldición que se cierne sobre el príncipe Rhen), abandonará la novela por encontrar en ella notables lagunas en cuanto a la construcción de la ambientación. 


 
  

  Una vez que el lector consiga sumergirse, con o sin esfuerzo, en Emberfall, amará la historia no solo por sus tramas (además de la principal, hay otros hilos narrativos como los políticos, militares, sentimentales, familiares...) sino por sus personajes.  Harper, Rhen y Grey son protagonistas construidos con profundidad que destacan por su evolución pero, sobre todo, por su carisma. Las relaciones que se van tejiendo entre ellos son el gancho que mantiene el interés en la historia y que hará que no puedas dejar de leer. Cada uno de los protagonistas tiene luces y sombras, matices que se van descubriendo según se avanza en la lectura y conforme sus conversaciones se van tornando más hilarantes y sarcásticas algunas veces y, tiernas y profundas, otras. He leído en reseñas de otros blogueros que el personaje de Grey es su favorito y, aunque puedo entender que el halo de misterio que lo rodea es muy sugerente, yo me quedo con Rhen y con todo el trauma que supone que todo su pueblo haya sido maldito por su inconsciencia. Por su parte, Harper se me antoja un personaje muy interesante y su historia de superación en cuanto a su parálisis cerebral se refiere, muy inspiradora. Además, es una protagonista muy divertida y con mucho carácter.




  El romance haberlo, haylo. Pero no es instalove de ese tan insufriblemente común en las novelas juveniles ni tampoco acapara gran parte de la trama. Es una historia bonita que, de fondo, se cuece a fuego lento y que, quizás, se desarrolle más en la segunda y última parte de la bilogía. 


En definitiva, Una maldición oscura y solitaria es un libro adictivo que se lee en un suspiro y que nos hace soñar con una divertida historia de príncipes malditos, reinos fantásticos, brujas malvadas, soldados leales, seres mágicos y heroínas valientes, una fantasía de la vieja escuela, de esas que siempre funcionan. Una lectura muy recomendable para los amantes de la fantasía juvenil y para los nostálgicos de obras como La princesa prometida.