La Alejandría olvidada, Almudena Navarro



  
  Cuenta la leyenda que Alejandro Magno, en su afán de conquista, fundó a su paso, más de setenta ciudades con su nombre, de las que hasta bien entrado el siglo XX solo se conocía una: la Alejandría de Egipto. 


¿Cuántas fueron en realidad? En 1961 durante una cacería, el rey de Afganistan, Mohamed Zahir Shah, descubrió un precioso capitel corintio. Era el principio del descubrimiento de la ciudad más grande, rica e influyente que fundara el Gran Alejandro: Ai Khanoum. Paris, año 2002, y el Imperio Bactriano, año 148 a.c., serán los dos escenarios de esta novela.





 

Este libro es uno de esos tesoros autopublicados en Amazon que enamora a todo aquel que se sumerge en sus páginas 💚. En 2002, Gaspar, doctor en Historia afincado en París, viaja al norte del Afganistán 🧕🏼como observador internacional para atestiguar el estado de conservación del yacimiento Ai Khanoum, una de las Alejandrías fundadas por el gran conquistador macedonio en la Antigüedad 🗺️. Nada se ha sabido de estos vestigios desde que Rusia invadiera el país en 1979. Ahora, con la ocupación estadounidense, se da la oportunidad de conocer si ha sobrevivido algo de lo que un día fue el hallazgo más importante del Imperio Bactriano, la ciudad de Alejandría del Oxo.🏺 Gaspar no está solo en esta peligrosa incursión, sino que cuenta con el asesoramiento de Irine, una intérprete parisina de origen afgano. Juntos se adentran en un polvorín que los llevará al límite, a enfrentar conflictos políticos y armados💣, y a sortear dilemas sociales con el fin de recuperar la memoria de Alejandría del Oxo. En el 148 a.C el filósofo Aenas relata el ocaso de la ciudad y la supervivencia del legado griego 🏛️ con la sacerdotisa Atanasia.


  Ficción histórica. Lectura breve, ligera, de prosa sencilla (nada profusa en explicaciones), y de ritmo ágil, gracias a capítulos cortos y a la alternancia entre los dos planos temporales. Ambas líneas argumentales usan la primera persona para narrar, lo que conecta al lector con los protagonistas desde el primer momento. 

  Los personajes no destacan por su construcción o  su evolución, aunque cabe apreciar la voz de Irine, la cual aporta una perspectiva muy personal sobre su país de origen. Las impresiones de Irine sobre la transformación político-social de Afganistán contribuyen a que la ambientación resulte sumamente interesante. Con mucha aventura y pequeñas dosis de intriga y romance, si este libro cayera en las manos de un guionista hollywoodiense, la película resultante sería un éxito mundial. Como única pega, tienen lugar ciertas conversaciones entre algunos de los mejores arqueólogos y especialistas en Antigüedad que, para quien sabe del tema, resultan demasiado básicas, irreales, pues ponen de relieve cosas que cualquier aficionado puede leer en un libro divulgativo. Solo ahí he echado de menos más realismo.

  En conclusión, un thriller histórico totalmente recomendable para devorar en un par de tardes: arqueología, historia, acción, política, suspense, amor... ¿Qué más se le puede pedir a un libro de entretenimiento?

Aquella orilla nuestra, Elvira Sastre

 



«Sentí las raíces apretando mis tobillos. Uno no deja de esperar porque se canse, uno deja de esperar porque cesa el ruido al otro lado y las raíces se secan».



  Elvira Sastre revela en este libro su mundo interior y sus experiencias más íntimas. El diálogo que se establece entre el texto y las ilustraciones de Emba logra una composición estética única, digna de coleccionistas.






 

  Me encanta leer y considero que, a menudo, la lectura es, además de una forma de ocio, una vía de escape; un salvavidas si me apuras. Sin embargo, hay momentos en la vida en los que, aun deseando evadirnos, la ansiedad, la depresión o, sencillamente, la inquietud nos impiden concentrarnos en una novela para hacerlo. Para esos casos en los que nuestras mentes, cansadas y abatidas, no son capaces de concentrarse durante más de un párrafo seguido, recomiendo los textos de Elvira y las ilustraciones de Emba.



 

  Fragmentos breves, aunque desgarradores. Dibujos esquemáticos, pero tremendamente evocadores. Sencillez encuadernada (este "poemario" hay que disfrutarlo en papel, es así); medicina en vena. Solo son líneas que se cruzan y palabras conectadas. No hace falta una mente despierta, basta con unos ojos abiertos.  
<<Me sobra corazón>>, escribía Miguel Hernández. Espero que a vosotros también porque es lo único que se necesita para disfrutar de esta obra.


   


  Circulan por la red algunas reseñas negativas de este libro. En ellas se pone en duda la calidad formal de las citas ("¿son poemas?", "¿son prosa?", "¿se rigen por alguna métrica?") y se alude al alcance mediático de la autora a través de las redes sociales como única razón de su éxito comercial. Patrañas: si el contenido gusta, qué importa no saber qué etiqueta ponerle. Ya lo decía Robe en Quemando tus recuerdos: "qué importa ser poeta o ser basura". Por su puesto, si me preguntan a mí lo tengo claro: lo que han hecho Elvira y Emba es poesía.


La tierra del viento, Javier Arias Artacho


 

 
  A finales del siglo XIX, durante los últimos años de la Inglaterra victoriana, una joven muchacha se ve abocada a viajar hacia los confines del mundo después de quedar huérfana. Se trata del sur de Argentina, casi el último puerto habitado antes de alcanzar la Antártida. De Ushuaia, aquel pequeño y lejano enclave fundado por los misioneros anglicanos, solo sabe de asesinatos de colonizadores a manos de sus indígenas, pero también de la construcción de un poblado rodeado de una belleza tan inesperada como desconocida. Sophie Collinwood acabará aceptando su destino, incluso la posibilidad de casarse con un hacendado inglés para hacerse cargo de la educación de su hijo. Sin embargo, la hacienda de Daniel Summer y su familia parece haber enterrado un misterio que a ella se le irá manifestando poco a poco, en silencio, hasta que la muchacha llegue a comprender que su vida está en peligro. ¿Qué oculta aquella hacienda? ¿Quién habita entre las sombras de aquella casa?




  La tierra del viento es una novela, a caballo entre la saga familiar y el género landscape, cuyo mayor atractivo es la ambientación, recreada en Tierra de Fuego, Argentina. No es de extrañar que en un libro de este género lo más destacable sea el escenario, el telón de fondo, pero es que en este caso el "dónde" lo ocupa todo. Hacia el final de la novela, Javier incorpora también ciertos matices de novela gótica a la historia que, aunque al principio a mí me desubicaron, creo que son un acierto.

 Javier Arias demuestra un profundo conocimiento sobre Usuahia y sus alrededores, tanto desde un punto de vista histórico y geográfico (los detalles sobre flora, fauna, territorio y clima son apabullantes) como desde una perspectiva más personal: es evocador cómo relata la manera en que allí el paisaje influye en las vidas de sus gentes, llegando incluso a determinarlas. Si sois amantes de los lugares inhóspitos o de viajar pasando páginas a los lugares más insospechados, este libro es para vosotros. El trabajo de documentación que ha debido de realizar el autor se nota a cada párrafo que se lee. Quizás porque soy una enamorada irredenta de la etnografía, yo he echado de menos durante la lectura más información acerca de las relaciones forjadas entre los autóctonos (los yaganes) y los colonos, así como también sobre los modos de vida de los fueguinos.

  La narración se articula durante casi toda la obra en torno al punto de vista de Sophie, con un narrador en tercera persona. Ya, hacia el final, también se conoce parte de la historia desde la perspectiva de los personajes de Eduardo y de Daniel. El estilo que el autor emplea a la hora de escribir me parece de una calidad literaria brillante, su pluma es muy sensorial y sugerente. Sin embargo, y como contrapunto, el ritmo de lectura no es ágil: los capítulos no son cortos, hay muchas digresiones hacia el pasado, las descripciones a menudo son demasiado largas y, aunque ocurren muchas cosas, estas pasan en mucho tiempo, por lo que es difícil en engancharse a la lectura.

  La trama (usando el recurso literario del "viaje del héroe") es consistente: Sophie, para sobrevivir, deja atrás su país natal en una travesía que la aleja de su hermano menor y que la lleva a una tierra desconocida, donde debe luchar por hacerse un hueco como institutriz de la familia Summer. Una vez que está allí, trata de saber la suerte que su hermano ha corrido en Londres para poder recuperarlo. Mientras tanto, se integra en la residencia de los Summer y en la misión religiosa de poblamiento, sumergiéndose con ello en viejas venganzas entre colonos y yaganes, intrigas familiares, supersticiones y fantasmas. 

  Hay varias subtramas que, mediante giros, aportan intriga y suspense a la narración: la muerte en el pasado de Dorothy, la señora de la casa, que sigue entrañando un misterio; los secretos de Daniel Summer y de su madre Victoria; los fantasmas que visitan cada noche al pequeño Thomas; lo que Lakuta, yagana del personal doméstico de la hacienda, sabe y no revela; o la intrincada relación de Sophie con Eduardo Ariza, la única persona que en Ushuaia parece entenderla.

 A pesar de que lo que mueve a la protagonista son valores universales como el amor o la superación, yo como lectora no he logrado empatizar con ella. Entiendo sus motivaciones, pero no la acabo de conocer a ella. Quizás, el autor debería haber profundizado menos en la recreación del entorno y más en la voz de la protagonista. El personaje de Sophie está bien construido: carga con un bagaje que conocemos, tiene miedos, ambiciones, planes, etc., pero más allá de ser una chica sacrificada y valiente, no sabemos mucho sobre su personalidad, no tiene una voz propia.

  En conclusión, La tierra de viento me ha gustado. Me ha parecido una lectura con un contenido muy interesante y con una estética narrativa maravillosa. La historia en sí está bien planteada, con sus dosis de intriga y de romance. Sin embargo, algo me ha fallado: además de ser lenta y distante, la historia transmite a lo largo de sus más de 300 páginas una tristeza y un desánimo, una neblina de infortunio, que no se acaba de superar en ningún momento y que también acaba pesando al lector.


 

Norte, Tamara Gutiérrez Pardo

 

  Tras la misteriosa y traumática muerte de su padre, y siendo ya huérfana de madre, Juliah Olsen partió de Wilmington a los doce años para refugiarse en Boston, junto a sus abuelos. Aquel trágico suceso del que ella fue testigo le provocó una cojera irreparable, además de marcarla para siempre. Siete años después, Juliah se ve obligada a regresar para comenzar una peculiar terapia que pretende curarla de su trauma. Insegura, deja atrás a sus protectores abuelos y a su novio, James. En Wilmington se enfrenta a un desagradable reencuentro con un fantasma de su infancia, parte de la pesadilla que la tortura: el enigmático y rebelde Nathan Sullivan.

  Sin embargo, más sorpresas le aguardan. El bosque que se ubica en la parte posterior de la casa, y que le da tanto pavor, esconde un secreto muy bien guardado relacionado con la muerte de su padre, con Nathan y con ella misma. Juliah se verá envuelta en los entresijos de un mundo extraño y emprenderá un peligroso viaje para completar una misión que solo ella puede finalizar, contando con el insoportable Nathan como compañía. Juliah hallará la magia, se enfrentará a unos seres maléficos, conocerá lugares nuevos y tendrá que superarse a sí misma… Pero sobre todo aprenderá los caprichosos caminos que toma el amor cuando este descubre su verdadero destino.
Sí, nadie elige de quién se enamora…


  Norte es la primera parte de la saga de fantasía juvenil Los cuatro puntos cardinales, una exitosa tetralogía autopublicada que podéis encontrar en Amazon.

 En esta historia, Juliah, una joven huérfana, ha de regresar de Boston a su pueblo natal, Wilmington, como parte de la terapia que está llevando a cabo con el fin de superar la traumática muerte de su padre. Desde que este inexplicable suceso tuvo lugar, cuando ella apenas era una niña, las pesadillas no le dejan vivir en paz, recreando una y otra vez en su mente el extraño enfrentamiento que presenció y que, además de acabar con la vida de su padre, a ella le dejó coja de por vida.

  A su llegada, es acogida por sus tíos y su prima, quienes intentarán que se adapte a la universidad local y a su nuevo hogar de la forma más llevadera posible. Sin embargo, en Wilmington todos la conocen, todos saben su historia, por lo que pasar desaperciba no es fácil. Será Nathan Sullivan, amigo de la infancia y vecino de sus tíos, quien más complicado se lo ponga: no le agrada su vuelta, pero a la vez no puede evitar estar constantemente pendiente de ella y recelando de James, su novio. ¿Por qué?

  Cuando desde el bosque de los cuatro puntos cardinales, a través de un portal interdimensional, Juliah llegue a un mundo paralelo en el que tiempo transcurre a distinta velocidad, entenderá que solo allí podrá encontrar las respuestas que busca sobre la muerte de su padre, aunque para ello deba ponerse en peligro tanto sí misma como a Nathan.

  ¿No os pasa con esta breve sinopsis que todo os suena, que es como si ya hubieseis leído esta historia un sinfín de veces? A mi sí y es que esta novela está construida a base de clichés: 

- Protagonista con un pasado traumático y repleto de interrogantes que debe resolver.
- Mundo paralelo en el que tiempo pasa más despacio.
- Una población pequeña en la que todo el mundo conoce a la protagonista.
- Chico misterioso y atormentado que se alza, inexplicablemente, como el protector de la protagonista.

  Aunque a priori esto pueda parecer una crítica, no lo es. Los clichés bien construidos funcionan, los clichés gustan; por eso son clichés. Este es el caso: todos las tramas están bien llevadas y todos los elementos cumplen su papel y tienen sentido por sí mismos.

  A pesar de una extensión de casi setecientas páginas, este libro se lee muy rápido debido a una narración en primera persona que facilita que los lectores empaticemos desde el principio con Juliah. El estilo es sencillo y desenfadado, con muchos diálogos y, también, con mucha reflexión interna que refleja cada pensamiento o sentimiento de la protagonista; es una narración muy personal que describe con igual detalle las ambientaciones (la real y la fantástica) y las emociones.

 Que la lectura sea ágil también se debe al ritmo. Mientras que en la primera mitad del libro se acusa una cadencia más introductoria para poner al lector en contexto, en la segunda parte se suceden la acción, las aventuras y la sorpresa de un nuevo cliché: el del amor prohibido.

  La ambientación juega un papel fundamental en la historia. Así, a lo largo de los primeros capítulos asistimos a la anodina vida de Juliah en Wilmington con sus partidos de béisbol, su universidad de segunda y su relajada vida vecinal; y en los siguientes conoceremos el mundo paralelo de Los cuatro reinos, de inspiración medieval, con sus sacerdotisas, guardianes, samuráis, hechiceros, profecías, etc. La continua combinación de ambos mundos, el contraste entre los mismos y el cómo Tamara hilvana tramas que interrelacionan una y otra vez ambos lugares tienen un efecto dinámico que hace que te enganches mucho a la historia.

  Para acabar, en cuanto a los personajes, Nathan y Juliah son con diferencia los más trabajados y los que más evolucionan. Juliah es una chica insegura que, sin embargo, está dispuesta  a todo para averiguar qué secretos se esconden tras la muerte de su padre, de Nathan y del bosque. Debido a este afán por superar el pasado, se va convirtiendo en una persona valiente y decidida, una evolución de lo que dan cuenta no solo sus actos, sino también su voz.

 En resumen, Norte me ha parecido una lectura sorprendente y entretenida, que superó mis expectativas. Estoy segura de que, de haber tenido más promoción o una apuesta editorial detrás, habría sido un best seller dentro de la fantasía juvenil nacional.

  

Erectus, Xavier Müller

 

  ¿Y si el Homo erectus volviera a pisar la Tierra?
Tras la aparición de un misterioso virus, la humanidad regresa a su versión más salvaje en este thriller único e inquietante.

  El fenómeno ha comenzado en el parque natural Kruger, en Sudáfrica, y pronto se ha extendido por todo el mundo. Animales y plantas están yendo hacia atrás en la evolución. Los perros se convierten en lobos, las ballenas en mamíferos terrestres y los humanos... Manadas de Homo erectus empiezan a aparecer en Nueva York, en París, en Ginebra... Decenas de individuos de prominentes mandíbulas y cubiertos de pelo que han perdido la capacidad de hablar. Desorientados e impredecibles, siembran el pánico en la población.


  Mientras la científica Anna Meunier se lanza a una carrera contrarreloj para comprender y detener esta regresión de la humanidad, y quizá salvar a la persona que más le importa, en todo el mundo sobrevuela la misma pregunta: ¿qué hay detrás de esta aterradora pandemia?





  Estando el año pasado confinada, llegó a mi lista de lectura este thriller de Plaza&Janés de ficción científica que abordaba la transformación de la humanidad tras la expansión de un virus que alteraba genéticamente a todas las especies vivas haciéndolas regresar a estadios evolutivos previos. Un virus, una zoonosis, una pandemia y una gestión cuestionable por parte de la OMS. ¿Era 2020 el mejor momento para dar una oportunidad a esta historia? Puede que no, pero aun así esta novela pintaba tan interesante que en cuanto pude comencé el libro y, aunque me gustó, me di cuenta de que no era todo lo que yo esperaba.

  La premisa de la que Xavier Müller parte para construir la única trama de la novela es lo mejor del libro. ¡Un virus que hace al ser humano retroceder evolutivamente hasta convertirse en Homo erectus! ¡Un mundo que rápidamente se va plagando de criaturas prehistóricas! Indagando de la mano de la palentóloga Anna Meunier, conoceremos los orígenes del virus junto con el funcionario Stephen, gracias a quien acudiremos a comités científicos de urgencia y escalaremos en los organismos de control existentes hasta llegar a las reuniones de la OMS. También con ellos se nos presentará cómo en situaciones de crisis se relacionan las medidas políticas con la respuestas por parte de la sociedad, las investigaciones académicas y con el pertinente impacto económico. Aunque a una escala menor, todo lo que el libro refleja se puede extrapolar a lo que hemos estado viviendo estos dos últimos años. El interés es innegable.

  Los thrillers se caracterizan, en líneas generales, por una sucesión vertiginosa de los acontecimientos, altas dosis de suspense, una pluma sencilla, un ritmo ágil de lectura y por unos personajes de los que no importa tanto su personalidad o su bagaje como sus actos. 

   A priori, Erectus cumple todos estos requisitos. De extensión media y con capítulos cortos, este libro se lee rápido gracias a un estilo narrativo simple, a una trepidante cadena de sucesos de índole planetario que engancha al lector desde el inicio y a una estructura que, aunque lineal y algo predecible, mantiene la tensión a lo largo de todo el relato. La narración se hace a través de un narrador en tercera persona y desde varias perspectivas, siendo dos de ellas las principales: la de la paleontóloga Anna Meunier y la del funcionario dela OMS Stephen Gordon. Otros personajes de los que se lee su punto de vista y que creo que aportan bastante a la historia son, por ejemplo, un youtuber y un biólogo. Por su parte, a los personajes les conocemos enfrentando situaciones límite, por lo que como lectores no podemos apreciar una evolución o un arco dramático más allá de las pocas semanas en las que se sitúa toda la trama y, mucho menos, llegar a conocerlos profundamente. Como ocurre en casi todos los thrillers, la ambientación no es determinante, por lo que el trabajo de recreación de la misma (parque nacional Kruger, Bruselas, Nueva York...) es, aunque superficial, suficiente.


   Entonces, si la trama de la novela es sumamente interesante y, como thriller, contiene todo lo que se le suele pedir a esta género, ¿por qué me decepcionó un poco? La respuesta es porque no me emocioné, no sufrí nada a pesar de que la civilización tal y como la conocemos estaba siendo devastada. Y eso se debe a que no empaticé con los personajes en ningún momento, ya que me faltaba información sobre ellos para hacerlo. Creo que, aun siendo un thriller científico, el autor podía haber trabajado más los personajes para, a través de ellos, transmitir la ansiedad de acudir al fin de la humanidad.


   En conclusión, una lectura recomendable para todos aquellos amantes de la ficción científica, de la genética o de las catástrofes mundiales, pero que puede saber a poco a los que buscan en todas las tramas cierta profundidad emocional o psicológica.

Esencias. Fenómeno 2012, Sergio R. Alarte


   Fenómeno de 2012 es el nombre que recibe lo que hace pocos años se consideró el fin del mundo según el calendario maya. O eso fue lo que publicaron periódicos y noticiarios de todo el planeta el segundo semestre de aquel año, en base a cálculos numerológicos, astrológicos y esotéricos. Pero, ¿es cierto que, de alguna manera, ese año hubo un cambio profundo en la sociedad a nivel planetario? ¿Se abrió algún tipo de portal para llevar a nuestra civilización a un nuevo escalón de conciencia?

  Sisco y sus amigos son solo un grupo de chicos marginados en su pequeño pueblo, tienen miles de inquietudes y un club de lectura; Javo y sus colegas son todo lo contrario: tipos duros de una banda de moteros, con todas las balas de la juventud a mano y el carácter para utilizarlas. Ambos grupos viven en Melinda, un pueblo de la huerta no muy lejos de Valencia donde el día a día es tan anodino como en cualquier otra pequeña villa. Sus monótonas vidas se verán conmocionadas por la llegada de unos forasteros, que solo presagia el advenimiento de algo más grande y terrible. Un suceso que logrará sacudir su realidad, y la de toda una época de la humanidad, hasta sus mismos cimientos.



  Esencias. Fenómeno 2012 es una novela autoconclusiva de fantasía juvenil urbana ambientada en Miranda, un pueblo valenciano.  En esta somera descripción del libro que tenemos entre manos están contenidos los dos motivos por los que pedí a Masa Crítica un ejemplar de esta historia: el primero, porque es fantasía en formato autoconclusivo, por fin nos alejamos de sagas infinitas, y el segundo, porque es un urban fantasy ambientado en España.  Las pocas obras de fantasía juvenil que he encontrado recientemente situadas en España en nuestro panorama editorial me han parecido auténticas joyas poco promocionadas, como La maldición del verdugo de Nesa Costas o Norte de Tamara Gutiérrez Pardo.

  Deslizarse por las páginas de este libro equivale en ligereza y entretenimiento a ver una película de instituto estadounidense:  tribus urbanas, rivalidades, inseguridades, relaciones, celos..., todo ello muy bien ambientado en un pueblo español  de esos en los que nunca pasa nada, y girando alrededor de una original trama fantástica.

  La trama principal, lidiar con las "esencias" y aprender a relacionarse con los forasteros, comparte protagonismo con hilos narrativos menores, como las relaciones entre estos adolescentes tan dispares entre sí o las confrontaciones entre los dos grupos, el de moteros, con Javo como líder, y el de los raritos con Sisco como protagonista. Además de varias líneas argumentales, la narración se sirve de saltos temporales y de flashbacks  para dar aun más información al lector. El uso de estos recursos narrativos, la presencia de muchos diálogos, una pluma de estilo juvenil y desenfadado, y una narración coral en primera persona hacen que el ritmo de lectura se agilice cada vez más según se avanza en la historia.

   Aunque son varios los puntos de vista desde los que se narra la historia, hay dos personajes con más peso que el resto:  Javo y Sisco, cada uno de ellos representando a uno u otro grupo de personajes. Para ser los protagonistas, se me han antojado planos y con querencia al clichéSin embargo, los secundarios (Cintia, Toni...) están mejor, dado que su protagonismo es menor y, por tanto, también lo que nos esperamos de su complejidad.

  Javo es el jefecillo de los moteros,  popular, malote, macarra y con la tía más guapa del instituto como novia, Lorena. Solo piensa en fiesta, sexo, alcohol y velocidad, y se expresa como si él mismo fuese una parodia exagerada de todos los kinkis de España juntos. No me creo al personaje y no es solo culpa de su voz, de su perfil lingüístico; es por un fallo de construcción. Susan E. Hinton, siendo solo una adolescente, recreó en su famosa novela Rebeldes el ambiente desestructurado, chulesco y problemático de los outsiders. Y sí, como Sergio R. Alarte, para hacerlo se valió de jergas y expresiones juveniles, pero también se esforzó en que el lector conociera a los personajes: sus miedos, su pasado, su inseguridades, su manera de enfrentarse a la vida, etc. Y, entonces, porque los entendíamos, los aceptamos. Sin embargo, en Esencias apenas conocemos a Javo y a sus amigos, los cuales carecen de evolución o arco dramático, y no estamos dispuestos a aguantar durante cuatrocientas páginas una manera de hablar que en la vida real no soportaríamos ni cinco minutos. No obstante, en las partes contadas por Sisco la jerga es juvenil pero más convencional y  cuando se leen, se suaviza bastante la sensación de incomodidad. 

  Por todo lo anterior, puede suponerse que me he llevado cierta decepción con este libro. Aunque la novela me ha entretenido y aunque creo que el planteamiento tiene potencial, que la ambientación es original y que la estructura y el ritmo son acertados, el fiasco con los personajes y con sus voces ocupa tanto en mi experiencia con la lectura que lo acaban estropeando todo.

  En conclusión, a pesar de que a mí este libro se me haya acabado atragantado a causa del estilo y de los personajes, considero que esta novela tiene un público objetivo muy reducido (adolescentes más amantes de las tramas de instituto que de las fantásticas), pero al que le encantará la historia.

Un encantamiento de cuervos, Margaret Rogerson



Todo el mundo sabe que los elfos son tan arrogantes como inmortales y por eso les gusta que se los retrate. Además, ansían el arte de los humanos porque ellos son incapaces de crear algo que transmita vida. Isobel los conoce bien, pues se gana la vida pintando sus rostros.

Pero un día el príncipe del otoño entra en su tienda y, al retratarlo, comete un terrible error: plasma en sus ojos el dolor humano que percibe en su mirada, un rasgo que cualquiera de sus súbditos consideraría una debilidad.

Tras recibir el cuadro, el príncipe regresa convertido en cuervo y la acusa de traicionarlo ante su corte. La única manera de solucionarlo es que Isobel se adentre con él en las tierras del otoño para restaurar su reputación. No obstante, deberá tener cuidado: como afirman los elfos, siempre deseamos lo que tiene el poder de destruirnos.




  Esta es la historia de una mayúscula y merecida decepción: elegir un libro por su portada (en este caso, preciosa) es un acto un tanto superficial del que puede que nos arrepintamos. A mí me pasó con esta novela. Me dejé seducir por una ilustración evocadora y llamativa y por el hecho de que, por fin, me cruzaba con una obra de fantasía juvenil autoconclusiva. Craso error, más vale leer tres entregas mediocres que una pésima.

 ¿Estoy siendo injusta? ¿Exagerada, tal vez? Puede, pero es que nada en este libro funciona:

- La ambientación: Siendo una novela de fantasía, la autora debería haberse esforzado en transmitir al lector lo mejor posible el worldbuilding que ella se ha montado en su cabeza, pero no lo ha hecho. Sabemos que estamos en un mundo donde conviven los elfos con los humanos y que geográficamente sus tierras se dividen por zonas en función de la predominancia de una u otra estación: las Tierras del Verano, las Tierras del Invierno, etc. Asimismo, cada una de estas tierras está gobernada por un elfo. En lo que a nosotros nos ocupa, conoceremos a Grajo, el señor de las Tierras del Otoño. La coexistencia en este mundo fantástico de elfos y humanos es desigual: los primeros se valen de su magia para aprovecharse de los segundos, a pesar de que hay unos acuerdos que lo prohíben. Los mortales aceptan, sin embargo, esa transgresión de las normas a cambio de sus favores, que no son más que pequeños hechizos que los elfos les conceden para sus cosechas o trabajos. En la segunda mitad de la novela, se aprecian toques oscuros (tormentas, cielos encapotados, elementos tenebrosos, un bosque enigmático y una preocupación desmedida por parte de los elfos por la estética) que recuerdan a ambientes burtonianos. Creo que la recreación de este efecto es lo más positivo y destacable del libro.

 Junto con Grajo, la protagonista de esta historia es Isobel, una joven pintora que reside en Extravagancia y que realiza un retrato al señor de las Tierras del Otoño. Esta es la premisa de la única trama que se va a desarrollar a lo largo de la novela. Esta información la vamos recabando hacia el final del libro y es todo lo que sabemos de la ambientación: ¿Dónde está Extravagancia? ¿Es un pueblo, una ciudad, una región...? ¿Qué ocurrió con la familia de Isobel? ¿Ella ha acudido a la escuela, tiene amigos o conocidos de su edad? ¿Esos acuerdos de convivencia que mencionan, cuándo y por qué se firmaron? ¿Qué desarrollo tecnológico tiene la sociedad de los mortales o a qué época histórica se asimilaría su evolución? ¿Cómo es el entorno? Si los elfos son inmortales, ¿qué hay del pasado de Grajo? No sabemos nada y, aunque la trama del libro es sumamente sencilla, es complicado, por muchas novelas fantásticas que hayas leído, sumergirte en la historia sin un contexto convincente. No es que tengas que poner a la imaginación a trabajar, es que hay que ponerla a inventarse el libro de otro, y leer no va de eso...

- La trama: Isobel comete un agravio imperdonable cuando pinta el retrato de Grajo, pues refleja un dolor humano en su expresión, un signo de debilidad para los elfos. Por ello, debe acudir a la Corte de Otoño con Grajo para redimirse de su error públicamente. Por el camino, serán atacados por la Cacería Salvaje y, recorriendo juntos tierras extrañas y hostiles para ponerse a salvo, surgirá el amor (el recurrente instalove). Todo es confusión, ya que la lectura no acaba de aclarar al lector las razones sociales o protocolarias que empujan a Grajo a sentirse tan ofendido ni a Isobel a aceptar dejar todo atrás para acompañarlo. No se conoce el entorno que los protagonistas transitan, son incomprensibles las circunstancias que motivan la acción del libro, no es creíble la apresurada historia de amor que se fragua entre Grajo e Isobel, no hay más tramas ni otros personajes con peso suficiente como para arreglar o mejorar el argumento... Todo falla.

- Los personajes: Tanto Grajo como Isobel parten  de una construcción plana ya que no se profundiza en su pasado ni se ahonda en su personalidad. Se desconocen sus anhelos, aspiraciones, miedos, traumas, preocupaciones, afectos... A través de sus conversaciones, se perfilan un poco sus personalidades, pero carecen de evolución o arco dramático. Caen en un enamoramiento ciego y urgente que el lector no sabe valorar al no conocer bien a quienes lo protagonizan. La construcción de Grajo me ha querido recordar un poco al personaje de Morfeo de la saga Sususrros de A.G.Howard, como una copia desvaída del mismo.

- Extensión, estilo, ritmo, narración: La parte buena de este despropósito es que la novela es corta y su ritmo narrativo es ágil. Al no extenderse en descripciones ni profundizar en los personajes o alimentar más que la trama principal, se lee el libro rápidamente. A mí la lectura se me hizo pesada porque no entendía qué pasaba ni por qué, pero la pluma de la autora es sencilla y su prosa o estilo es muy standard. Además, la narración es en primera persona desde el único punto de vista de Isobel, lo que también facilita las cosas.

   En definitiva, considero que este es un libro prescindible y que para los amantes de los libros de elfos hay otros mucho mejores, de pluma tanto nacional como extranjera.