Azul Venezia, Marina G. Torrús



Venecia, 1716. Caterina Sforza, aprendiz de forense e hija del médico más prestigioso de la ciudad, descubre el cuerpo de una muchacha crucificado en una góndola; está rodeado de velas encendidas y tiene los pechos teñidos de azul.


Este será el primero de una serie de asesinatos con puestas en escena tan bellas como perturbadoras. Las víctimas son alumnas del Ospedale della Pietà, el conservatorio para huérfanas con talento musical donde da clase el gran maestro Antonio Vivaldi. Caterina entrará en ese hospicio para descubrir al culpable. No estará sola: el capitán español Alfonso Guardi, conocido en la Corte por sus dotes deductivas y su capacidad de análisis, la ayudará a averiguar qué se esconde tras las muertes en una ciudad fantasma donde nada ni nadie es lo que parece.


«Una de vosotras hará algo intrascendente que la bestia interpretará como una señal del destino. La atrapará con sus ardides, la llevará a su sala de tortura y entonces ya no habrá escapatoria...».







  

  No me puedo resistir a una novela negra que combine la intriga propia del género con un ambiente histórico y más, si éste es tan espectacular y atractivo como lo es la ciudad de Venecia.  Si también es vuestro caso y, además, apreciáis ciertos toques de realismo mágico, ésta debe ser sin duda vuestra próxima lectura. Y todo lo anterior ha sido  capaz de reflejarlo el ilustrador en una preciosa portada, que no podía ser más perfecta para la historia que alberga.




  La narración, en una especial tercera persona que sigue muy de cerca a los dos protagonistas (a la joven Caterina y al español Alfonso Guardi), transcurre desde el principio a caballo entre una voz omnisciente terrenal que cuenta lo que les ocurre a los personajes (lo que hacen, ven, piensan, sienten...) y una supraterrenal que pone voz a La Laguna, a la Sereníssima, es decir, a Venecia  y que hace partícipe al escenario en la propia trama, pasando de ser un elemento pasivo a uno activo mediante presentimientos y  premoniciones que van poniendo al lector en estado de alerta. 

  De esta manera tan original, se nos va introduciendo en la Venecia del siglo XVIII y, más concretamente, en las nada convencionales vidas de Caterina y de su padre, el doctor Giovani Sforza.  Un poco más tarde, entrará en escena Alfonso Guardi, guardia de corps del rey Felipe V. Este monarca, Felipe V, por cierto, junto con otros personajes históricos como Vivaldi, también tiene su espacio como secundario en esta historia.


 
Si bien lo que más destacaría de esta novela son sin duda la profunda documentación de la autora  y la recreación del ambiente, he de decir que la construcción de los personajes me ha resultado muy interesante, sobre todo en el caso de Caterina (o de "Catuccina" como la apodaba Giovanni): de personalidad fuerte y contundente, deslenguada, directa, decidida y valiente, lo que más engatusa de ella es su amor incondicional tanto por la música como por, algo más inusual, la medicina forense, que aprende de su padre. A través de Caterina el lector se empapa de todo aquello que rodea a la Venecia más musical del siglo XVIII: Vivaldi, la ópera, los teatros, el Ospedalle de la Pietá, las mascaradas, las fiestas privadas en los palacios... pero también de la otra Venecia, la que no brilla tanto. Conoceremos los secretos del Lido, la miseria de las calles, la delincuencia... 

  Sin embargo, de todo esto, es la pasión de la signorina por la medicina y su empeño por estudiarla en Padua lo que más llena las páginas, junto con la propia investigación que ella encabeza, en compañía de Alfonso. El personaje del guardia español también tiene un perfil detallado...es reservado, leal, vive atormentado y es audaz y entregado.  Pero, a pesar de todo esto, y aunque como ya he dicho, considero que los protagonistas están muy elaborados y cargan con un bagaje que el lector va conociendo poco a poco y que les hace evolucionar con la propia historia, creo que al lector se le puede hacer cuesta arriba empatizar con ellos, ponerse en su piel, cogerles cariño... quizás a través de más diálogos o de alguna escena más personal, aunque no fuese imprescindible para la trama, se hubiese conseguido esa cercanía que falta.


 Por su parte,la trama me ha resultado muy original y muy bien trabajada, con un ritmo adecuado, con giros inesperados y con subtramas (como la de Vincenzo, su hermano y la ninfa o como la de Madame Chevalier) realmente cautivadoras que dejan al lector con ganas de saber más.

  De la ambientación no puedo decir nada más que "sobresaliente". Ya no sólo por el cómo la autora ha sido capaz de recrear con tanto detalle y tanta sensualidad La Laguna, sino por el encanto mágico que desprende cada momento: desde la teatralidad de las escenas del crimen hasta los pensamientos de "la bestia" pasando por la austeridad del orfanato... Eso no es producto solo de un exhaustivo trabajo de documentación sino también de una pluma con mucho talento. 

   Para acabar, comentar que la prosa es profusa en detalles y se adereza con expresiones locales que sumergen al lector más aún en Venecia y en el pasado. Pero, y por poner alguna pega, a veces las divagaciones históricas resultan largas y pesadas... y eso que a mí, como historiadora, me encantan pero opino que pueden cansar pues no siempre aportan datos cruciales para el transcurrir del argumento. Esto ocurre sobre todo con recuerdos de Alfonso sobre batallas, sucesos políticos, etc.

  En conclusión, una novela totalmente recomendable para los amantes de la Historia, de Venecia, de la ópera... o, dicho de otra forma, de la belleza.


Darwin. La evolución de la teoría, Jordi Bayarri


  

  En 1859, Charles Darwin publica su libro El Origen de las Especies. Pero, sin saberlo, estuvo preparándose para este acontecimiento desde muy pequeño. Descubre en este cómic cómo nace un naturalista. Cómo su pasión por observar y descubrir la naturaleza le lleva a recorrer el mundo. Cómo evoluciona una teoría.









 Recibí este cómic infantil con bastante ilusión. Como historiadora, la figura del naturalista inglés siempre ha ejercido en mí muchísima atracción haciendo que durante años devorara biografías, revistas especializadas, documentales, etc. sobre el tema. E, incluso, dedicando a su personaje histórico, a su teoría o a sus derivaciones políticas y sociales, muchos de mis ensayos de la carrera. 


  Por otro lado, como lectora, sentía mucha curiosidad por saber cómo el autor se las habría ingeniado para acercar, a través de la divulgación, a un científico como Darwin a un público infantil, hoy acostumbrado a grandes gestas de superhéroes y a fantasías rápidas y divertidas.


 Este cómic de Jordi Bayarri se enmarca dentro de la colección "Cuentos científicos" y en ella Darwin comparte protagonismo con Galileo, Marie Curie, Aristóteles e Hipatia, entre otros. Con ilustraciones en tintas planas, limpias y agradables, y una maquetación clásica (la fuente, la distribución del contenido en las viñetas, el estilo de los bocadillos o cartelas...), destaca una narración sencilla y una profunda documentación. 


  Quizás, con ciertos prejuicios, me acerqué a este precioso cómic con el miedo de que hubiese prevalecido en él el deseo de que la historia fuese atractiva para los niños que se acercasen a ella (al final y al cabo, es divulgación), dejando por el camino detalles y datos interesantes. 


  Pero mi temor era infundado, pues a lo largo de la narración de la vida del naturalista se vislumbran todos los episodios más conocidos de la trayectoria del científico (la relación con su padre, sus estancias en Edimburgo y Cambridge, sus escarceos con la Medicina y la Teología, sus contactos profesionales, su postura moral frente a la esclavitud...) y no solo los más llamativos como el viaje en el Beagle. Fue esto lo que me llevó a fijarme en la página de créditos para constatar que el proceso de documentación histórico - científica había corrido de la mano de una profesional, de la doctora en Historia Tayra MC Lanuza Navarro, aportando así el rigor exigible y necesario siempre en las obras de divulgación, tanto infantil como general.


  

  El relato, si bien no resulta emocionante, sí es acertado pues no sigue a Darwin en sí, sino al nacimiento y a la forja de una idea, de su teoría de la evolución, de manera que los jóvenes lectores no solo conocen El Origen de las Especies, sino que también lo entienden.


  La única pega que he podido (muy a mi pesar, pues estaba encantada con la lectura) encontrar al libro es un error de maquetación. Al final del libro, hay unos apartados muy interesantes con mapas, bocetos, bibliografía... En uno de ellos en particular, en el llamado "Quién es quién en el mundo de Darwin", la disposición de los textos es nefasta. En letras capitales y con una fuente estilo "Comic Sans" se desarrolla una pequeña biografía de cada uno de los personajes históricos que aparecen en los bonitos bocetos. El problema es que en lo referente a las sangrías, los interlineados, el espaciado entre epígrafes, el cuidado de evitar calles o líneas viudas o huérfanas...todo brilla por su ausencia hasta el punto de abandonar por incómoda esa parte de la lectura. No obstante, esto es un detalle que no enturbia la impresión general de la obra, que es más que satisfactoria.


  En conclusión,  Darwin. La evolución de la teoría es una obra indispensable en las bibliotecas de los más jóvenes (yo la recomendaría a partir de diez años) para acercar la historia de la ciencia de una manera amena y sencilla.

El poder de las historias, Martin Puchner




 Los textos escritos han marcado la evolución de la historia: son los códigos que definen la identidad de los pueblos y la forma en que los seres humanos organizan sus vidas. Martin Puchner, profesor de la Universidad de Harvard, sigue su evolución en el tiempo, de Gilgamesh a Harry Potter, y analiza la génesis de las grandes obras: la transcripción de la Ilíada que Alejandro Magno llevaba en sus conquistas, la fijación de la Biblia y de los textos de Buda, Jesús, Confucio o Sócrates, la aparición en Japón de la primera gran novela, Genji, escrita por una mujer, y la renovación del género por Cervantes… Puchner viaja además a sus escenarios originales: al sur del Sahara donde aún se recita la epopeya de Sunjata o a la selva lacandona en que viven los zapatistas, herederos de la cultura maya del Popol Vuh. Su libro nos ofrece una visión nueva y enriquecedora de la historia de la cultura y nos enseña cuán grande ha sido y aún es el poder de las historias.




  El poder de las historias o cómo han cautivado al ser humano de la Ilíada a Harry Potter se presenta al lector como una obra de carácter divulgativo acerca de la historia de la literatura y, realmente, no engaña pero esta obra es algo más, va más allá.


  Quizás, mi opinión no sea todo lo imparcial que pretender ser. En primer lugar, porque soy historiadora y, como tal, me encanta la disciplina y, en segundo lugar, porque adoro la metaliteratura y, sobre todo, si la voz del narrador traspasa las páginas, como ocurre en este caso, a través de una cercanía y una familiaridad inusitadas que me recuerdan, para los aficionados al género, a otra obra reciente, en este caso sobre la historia de europa, llamada Mi gran familia europea.


  El repaso a las grandes obras literarias que han influido notablemente a la humanidad comienza con la obsesión de Alejandro Magno con la famosa narración atribuida al aedo Homero, La Iliada. "A pesar de que hizo más por Homero que nadie antes o después que él, había algo trágico en su veneración al bardo, porque lo que en realidad quería no era tanto seguir los pasos de los héroes de Homero como tener a un Homero que le siguiera". La manera en la que este inicio introduce el resto de la obra, enganchando al lector a través de las gestas del príncipe macedonio, me ha resultado fascinante. Por un momento, el lector olvida que está leyendo acerca de la literatura pues solo quiere saber más y más acerca de la expansión del imperio griego, pero entonces, como en un círculo perfecto, todo cuadra otra vez y el valor transformador  de las historias emerge de nuevo para conducirnos hasta otros escenarios, como Uruk, Babilonia, Jerusalén, la India, China...



  El índice del libro es amplio y abarca obras y personajes a lo largo y ancho del mundo y de los siglos, pero a nivel personal, destacaría el capítulo dedicado a Sherezade y a  Las mil y una noches. El exotismo de esta compilación siempre ha atrapado mi atención pero el modo en que el autor, mientras habla de sus viajes y sus experiencias, teje un hilo invisible entre el contexto histórico, la ambientación ficticia y el papel metaliterario de Sherezade, una suerte de bardo femenino fuerte y elocuente, es revelador. "¿Cuándo se produjo su primer encuentro con Las mil y una noches? Yo no recuerdo cuándo fue el mío, pero tengo la sensación de que conozco estas historias desde siempre. ¿Quizás cuando Popeye se encontró con Alí Babá? ¿Quizás fue Simbad el marino en un libro para niños? ¿O alguien diciendo <<Ábrete sésamo>>?"


  Otro pasaje del análisis de Martin Puchner se adentra en la transformación que en el siglo XX vivió la relación entre la literatura y los lectores, y en la obra que dio origen a tal cambio: la saga de Harry Potter. Soy una fan declarada de estas novelas pues tuve la suerte de iniciar su lectura a los once años e ir creciendo al mismo ritmo que lo hacían sus protagonistas. Por ello, la verdad es que me ha chirriado la visión sumamente mercantilista que se hace del fenómeno, cuando de otros libros el autor habla con más veneración o, incluso, respeto. Sin embargo, esto último solo es una impresión.


 
  

  Los aspectos formales del libro como el ritmo fluido, la prosa académica pero al tiempo desenfadada, el estilo de crónica de viaje, la voz del novelista en primer persona y la fuerte presencia de imágenes y de notas a pie de página con referencia a las fuentes me parecen totalmente acertados y bien presentados mediante una maquetación sobria pero adecuada.



   En conclusión, recomiendo totalmente esta lectura a todos los amantes de los libros pero, sobre todo, me parece una herramienta perfecta para impartir alguna clase de Historia de la Literatura.

Mis amigos monstruos

 
 La editorial Kókinos en colaboración con Isabelle Torrubia Agencia Literaria nos trae desde Francia 
Mis amigos monstruos de Pooya Abbasianun álbum ilustrado dirigido al público infantil que destaca por un alentador mensaje sobre la superación de los miedos y que se caracteriza por un estilo gráfico informal muy personal que combinado con una composición de colores llamativos atrapan la atención del lector.


  Desde la propia portada del álbum (álbum y no cuento porque prima la narración visual en detrimento de la escrita), el lector se sumerge en un universo alegre, cercano y desenfadado gracias a unas ilustraciones fluorescentes con efecto tiza y a una fuente tipo handwriting






  Los lectores acompañamos a la pequeña protagonista  a lo largo de su transformación, la cual funciona como punto de inflexión dividiendo la narración en dos partes: una primera en la que nuestra niña nos cuenta en primera persona que para protegerse de los monstruos que la visitan cada noche se disfraza (de un tigre, de un dragón, de un godzilla...) y abraza a su gato Torcuato y, una segunda, en la que tras haber superado el miedo, la misma niña nos relata lo mucho que disfruta siendo amiga de estos mismos peculiares y divertidos monstruos.



 

  Entre los valores que esta historia desprende encontramos en primer lugar (y ahora que la literatura infantil analiza más a menudo sus contenidos a través del prisma de la inteligencia emocional)  la aceptación que el personaje presenta de su propio miedo. En segundo lugar, la autonomía de la que hace gala para enfrentarse sola a sus propios temores. Y, con ello, el coraje necesario para hacerlo. En tercer lugar, cobra relevancia la tolerancia a la diversidad que fluye a lo largo del álbum poniendo de relieve las particularidades de cada uno de los monstruos de una manera positiva y con un enfoque puramente optimista "Y hay otro que nunca dice nada (y que es mi favorito)". Para acabar, destacaría el alegato que hacia el final de la obra nos recuerda a niños y a adultos lo importante que es ser uno mismo.






   Quizás, lo que más convenza de esta obra tanto a padres y educadores como a niños sea lo innovador del contraste que las ilustraciones (fondos luminosos de colores chillones con dibujos de trazo grueso y factura esquemática) ejercen con el discurso de los monstruos y el miedo, tradicionalmente oscuro y complejo. Normalmente, las imágenes en los cuentos son un refuerzo para el texto y, aunque en los álbumes siempre ocurre lo contrario, en este caso se va más allá puesto que la composición plástica habla por sí sola enviando un mensaje alegre y estimulante.


 Para acabar, los aspectos formales de la obra (corrección ortotipográfica, maquetación, contraportada etc.) me parecen totalmente acertados para el público al que se dirigen. 





 Entonces, ¿recomiendo este álbum? ¡Por supuesto! Ya tengo ganas de regalárselo (o, igual mejor prestarlo, que me gusta demasiado...) a uno de los pequeños de la familia.




El indiano, Maria Montesinos

Héctor Balboa, un indiano enriquecido en Cuba, regresa al cabo de los años a España con la intención de reconciliarse con su pasado e introducirse en los influyentes círculos económicos e industriales de la sociedad de 1883. Llega rebosante de planes de progreso y con la esperanza de hacerse un sitio respetable en su tierra natal, Santander. Sin embargo, pronto se dará cuenta de que para formar parte de esa sociedad deberá aceptar sus rígidas reglas y acordar un matrimonio ventajoso con alguna joven casadera que le abra las puertas a los grandes negocios forjados entre los políticos, empresarios y aristócratas que se dan cita cada verano en Comillas. 


Balboa no dudará en sacrificar el amor a sus propias ambiciones personales hasta que se cruza en su camino la obstinada Micaela Moreau, una joven solterona de Madrid, empeñada en cambiar el destino de las niñas sin educación y al mismo tiempo, defender su libertad e independencia frente a los designios marcados por su familia. 


Una historia de amor que cambiará el rumbo de dos corazones decididos a perseguir sus propios destinos, sin doblegarse ante las convenciones del momento. 




   Este es un de esos libros que llega a tu vida de casualidad y te hechiza desde la primera página, deseando desde el principio que no llegue el final. Todos y cada uno de sus elementos me entusiasmaron y, a día de hoy, cuatro meses después, busco aún un libro que me haga sentir tan afortunada por haberlo elegido. Es como si la autora se hubiese colado en mis pensamientos mientras paseaba por una librería y hubiera volcado en su perfecta creación aquellos ingredientes que siempre estoy buscando, consciente o inconscientemente, en un libro: una ambientación bien recreada, tramas que en su desarrollo hacen al lector conocer de manera amena otras realidades (si son históricas, mejor), personajes principales bien definidos que saben evolucionar de forma acorde con la historia que protagonizan, una prosa cuidada... 

  En este caso, la historia de Héctor y Micaela se desarrolla entre Santander y Comillas, en Cantabria, a finales del siglo XIX y, además de por una historia de amor que realmente ocupa pocas páginas, el libro se caracteriza por plasmar con una facilidad apabullante los lugares, las gentes y los acontecimientos de entonces. El Indiano, de María Montesinos, es historia social, política y económica de Cantabria (reflejo en parte de la historia del resto del país),  historia del arte con la construcción de El Capricho de Gaudí como telón de fondo y es, también, un alegato feminista (entendiendo por ello, la lucha incansable de muchas mujeres en pro de la igualdad a lo largo de los últimos dos siglos). Por sus páginas pasean o son mencionados personajes como Francisco Giner de los Ríos o Emilia Pardo Bazán, entre muchos más.

 
Vistas de la bahía desde el Faro de Cabo Mayor, 2018


  Quizás, y sólo quizás, parte del placer que experimenté durante la lectura se deba a que soy de Santander, y leer casualmente, sin saberlo ni planearlo, sobre su bahía o sobre su palacio de la Magdalena, teniéndolo justo enfrente, mientras el sol de septiembre me acariciaba la piel, fue un lujo inesperado. "Recordó la impresión que se llevó la primera vez que visitó con su madre la casa-palacio de sus tíos en Santander siendo una adolescente y se asomaron a ese mismo balcón colgado sobre el promontorio. La belleza de la bahía le llenó los ojos de mar y le robó la palabra, para regocijo de su madre. Ahora, esas mismas vistas le infundieron la tranquilidad que necesitaba para pensar"



  El Indiano cabalga entre la novela histórica y la romántica teniendo, en mi opinión, mucho más peso su condición histórica que romántica. Con esto, quiero decir que ningún aficionado a la historia debería perderse el libro por su connotación amorosa cuando, en esencia, la relación entre Héctor y Micaela se diluye en sus propias historias personales; la de él de venganza, la de ella de ambición. 


  Héctor deja atrás Ruiloba, su aldea, cerca de Comillas, siendo aún un niño, huyendo de un suceso que procuró la temprana muerte de su madre y el abandono de su hermana menor. Huye para salvarse, pero con una sola idea en la cabeza: regresar algún día para vengarse de quien destrozó la vida de su familia. Cuando lo hace, cuando consigue volver, ya no es un crío asustado, sino un adinerado indiano que ha hecho fortuna en Cuba y que, aunque encuentra su tierra natal anclada en el pasado tanto industrial como social y políticamente, decide hacerse un hueco en los círculos de las altas esferas, sea cual sea el precio a pagar. Solo así, siendo uno de ellos, podrá descubrir a quien llevó la desgracia a los suyos, y arrebatarle todo lo que posee.  "Por eso, cuando desembarcó en Santander se encontró con una ciudad apacible, adormecida en el balanceo placentero de los baños de olas, en los debates acalorados y estériles entre liberales y conservadores, una ciudad, en fin, estancada en el comercio de harinas y cervezas con las Antillas, su asombro inicial dio paso a la decepción y a un cierto menosprecio por su propia tierra añorada en la distancia durante tantos años".


Baños de ola de Santander, siglos XIX-XX





  Micaela, por su parte, vive en Madrid y es una más de las muchas jóvenes que, por no haber contraído aún a su edad, veintimuchos, un ventajoso matrimonio, es casi una paria de la sociedad, que en el futuro no tendrá más opción que la de cuidar de su madre y, con suerte, de los hijos de quien la quiera como institutriz. Pero ella quiere seguir estudiando, como hace en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, y ser maestra. Pretende inculcar nuevos valores a las niñas, y demostrarles que pueden ser algo más que meras acompañantes cultivadas de sus futuros maridos y madres modelo de sus futuros hijos. "Educación de las mujeres, sí, pero con el único fin de que contribuyeran a la felicidad de sus maridos y se encargaran de la instrucción de sus hijos en la razón y el conocimiento empírico que tanta falta hacía en un país tan atrasado respecto a Europa". Micaela vislumbra una oportunidad para poder llevar su sueño a cabo cuando la invitan a pasar un verano con sus primas, hijas del Marqués de Peñubia, en Comillas desde donde planea darse a conocer en Santander en la escuela de niñas de las señoritas Ruano como futura empleada.




 

Vista panorámica de Comillas


 

El Capricho de Gaudí, Comillas


  Primero en Santander y luego en Comillas, los destinos de Héctor y Micaela se entrecruzan una y otra vez, reconduciendo el devenir de sus planes de venganza y ambición, mientras la vida social y artística de Comillas bulle a su alrededor. Asistimos muy de cerca a la construcción de El Capricho de Gaudí, la futura residencia de Máximo Díaz de Quijano, a través de la figura literaria de Román Macías, arquitecto que supervisó las obras junto con el señor Cascante (figura histórica), persona de confianza del genio catalán. Mediante la celebración de eventos, reuniones y fiestas conocemos la vida diaria de los habitantes de Comillas y disfrutamos de algunas curiosidades sobre la geografía y la historia de los montañeses que van a deleitar a los que han conocido o conocen el entorno: que Comillas fue puerto ballenero, que fue el primer municipio en disponer de electricidad, la importancia del Seminario Pontificio o que Comillas fue capital de España durante un día, en 1881, en otros muchos datos igual de interesantes. También se ponen de relieve aspectos de la ciudad de Santander o se mencionan lugares como el faro de La Cerdá, el peñasco con forma de camello, el Puntal, la Península de Magdalena, el café Suizo, la iglesia de la Anunciación, la calle Hernán Cortés... todos ellos visitables en la actualidad. Aunque en menor medida, otros enclaves como el de San Vicente de la Barquera, aparecen como escenarios puntuales.


Celebración del Día del Indiano, recreación histórica

  Pero más allá de la recreación histórica (que hace especial hincapié en la transformación del mundo rural, en el desarrollo de la industria y en un feminismo temprano) y de la sugerente ambientación, la historia gira en torno a dos personajes principales cuyos verdaderos seres tienden a rebelarse ante los cánones de su tiempo y las convenciones establecidas, pero que necesitan, sin embargo, de una posición respetable para lograr sus objetivos. La evolución de estos dos personajes está verdaderamente bien perfilada a través de gestos, actitudes, pensamientos y conversaciones, tanto que aun cuando ambos escenifican partes contrarias, el lector se ve dividido entre ambos, sin poder decantarse por alguno de ellos. El desarrollo de su relación encauza las tramas de ambos y sus encuentros son divertidos y mordaces, pero también, aunque en menor medida, tiernos y dulces. Destacan otros personajes entrañables como Ana y Amelia, las primas de Micaela, o Candela, la hermana de Héctor. El ritmo de la novela, siendo profuso en descripciones y explicaciones que aportan consistencia a la ambientación, no lo considero lento pues se ve continuamente aligerado con una buena presencia de diálogos. La verdad es que es admirable la labor de documentación que la autora ha debido de realizar para que El Indiano supure verdadero amor por los sitios, la historia y el arte de los que habla, haciendo que cualquier lector sienta un renovado interés por el modernismo, la figura de los indianos o de las escuelas para mujeres, por ejemplo.



 Como defecto profesional de historiadora me asalta la duda de si quizás el empleo en alguna ocasión de vocablos y expresiones oriundas (con la consabida dificultad que lleva el hallarlos y emplearlos correctamente) habría dotado de más verosimilitud a algunos diálogos. Y, por otro lado, me embarga el efecto de otro defecto personal, esta vez el de correctora, y me hace comentar que hay algún error ortotipográfico en la versión digital en Amazon de la novela (minúsculas tras puntos y seguidos, espacios mal maquetados, etc.), nada que no se pueda arreglar en una siguiente edición, y nada que no se pueda olvidar con la visión de la preciosa portada.

 En conclusión, una lectura más que recomendable para los amantes de la novela histórica y de la romántica o, sencillamente, para los enamorados de la Tierruca que quieran saber un poco más sobre el pasado indiano que nos precede.


Tempus, Nerea Riesco



¿Y si tuvieras todo el tiempo del mundo y no fuera suficiente? La vida de la joven Daniela Green cambia para siempre cuando su padre, el prestigioso profesor Leonard Green, es brutalmente asesinado en su despacho de la universidad de Cambridge. Aún conmocionada por la noticia, Daniela recibe la llamada de uno de los alumnos de su padre, Richard Chanfray, quien le informa de que corre un grave peligro y de que él es la única persona en quién puede confiar. El enigmático joven dice encontrarse en posesión de un importante secreto... un secreto que pondría en riesgo la integridad de un grupo de personas que están dispuestas a todo para proteger su modo de vida. A partir de ese momento, Richard y Daniela emprenderán una vertiginosa huida sorteando los peligros que encontrarán a su paso, incluidos los provocados por sus propios sentimientos.


  La portada de esta entretenida y recomendable novela captó mi atención gracias a la silueta del siempre imponente Big Ben que se aprecia recortada entre la niebla bajo un plomizo cielo inglés. Después de que esta cautivadora estampa me obligara a detenerme ante este libro, fue la sinopsis la que me convenció de añadir este título a mi infinita lista de lectura: prometía suspense, acción y romance. Definitivamente, necesitaba leerlo.


  Sin embargo, lo que me encontré durante la lectura me sorprendió. No porque no me gustara ni mucho menos, sino porque no me lo esperaba. Estoy hablando de la amalgama de géneros que Tempus engloba: es una novela policíaca y de ciencia-ficción con una importante trama fantástica que hacia el final se deja llevar por unos derroteros románticos algo apresurados.


  Esta diversidad lejos de abrumar al lector, le engancha y le entretiene a través de un base argumental sólida - el asesinato de Leonard Green - de la que se desprenden algunas subtramas interesantes aunque manidas, como la investigación del inspector Abberline de la Scotland Yard, y otras subtramas más originales como la de los viajes en el tiempo a través de los agujeros de gusano o como la de los secretos que guardan algunos de los inmortales que viven entre nosotros.


 
  


 
Universidad de Cambridge
 

  La historia de Daniela y de Richard se sucede a lo largo de una frenética huida que apenas dura cuarenta y ocho horas y durante la cual deben resolver un crimen, investigando a caballo entre las tinieblas más oscuras de la historia, los últimos adelantos científico-tecnológicos acaecidos y las amenazas personales que se ciernen sobre ellos.







  La novela está repleta de acción, de giros y de intriga pero, también, de pasajes eminentemente divulgativos que brindan al lector  de forma amena un extraordinario torrente de datos y curiosidades sobre física cuántica, el CERN, las últimas hipótesis sobre el origen y el devenir del universo o, en otro orden de cosas, sobre la historia europea del siglo XIX, sobre los crímenes de Jack el Destripador y el barrio Whitechapel... El trabajo de documentación de Nerea Riesco ha debido de ser notable pero, sin embargo, me parece más elogiable el arte con el que ha sabido encajarlo de manera natural con la trama, los personajes y la ambientación. 


  La historia avanza de la mano de un narrador omnisciente a cuatro voces (Richard, Daniela, el inspector Abberline y la inmortal Liz) a un ritmo poco constante que se precipita en la construcción de las relaciones entre los personajes (sí, hay instalove) y en la sucesión de los hechos, pero que decelera y se recrea en la composición de las atmósferas y en la transmisión de pasajes históricos o de noticias científicas.


 La pluma de Nerea se caracteriza, además de por su capacidad divulgativa, por ser ágil y correcta, de lectura agradable y por deleitar en ocasiones a los lectores con una prosa detallista, nostálgica e inspiradora. 



 
(New) Scotland Yard, Victoria Embankment, Westminster, London
  
 Por su parte, los personajes de la trama principal se mueven en una atmósfera dominada por la urgencia en la que el telón de fondo, Londres y otros escenarios británicos, queda desdibujado (al contrario de lo que ocurre en los fragmentos del pasado, en los que el protagonismo de la urbe inglesa lo ocupa todo).


 En este punto, en el de la valoración de los personajes, no puedo evitar comentar que me ha descolocado que la autora de una voz narrativa propia (es decir, que leamos desde su punto de vista) a personajes cuya participación en el relato es extremadamente breve (como a un portero o a un agente de aduanas). Algo parecido me ha ocurrido con la extensa presentación que en la novela se hace de cada inmortal que entra en escena, aunque luego su incidencia en la trama sea escasa.



  Al contrario de lo que suele ocurrir en muchas historias, en este caso los antagonistas están poco desarrollados, son planos. En particular, a Liz se la presenta como  a una mujer fría, cruel y celosa pero no se ahonda en el porqué de su comportamiento o se muestran otras facetas de su personalidad. En cuanto a la construcción del personaje de  Nicolás, la considero algo errática ya que no logro entender sus motivaciones o, en su caso, sus contradicciones.



 
Imágenes del booktrailer
  Continuando con los personajes, Richard Chanfray es un personaje hecho para agradar, pensado para que guste al lector y que cumple su cometido. Al menos, conmigo. Aun identificando clichés en su personalidad y en su historia, es un personaje que gusta y con el que apetece encontrarse en una novela (lo mismo que ocurre con su amigo Alessandro). En cuanto a nuestra protagonista, a Daniela, me encanta su frescura - si bien no podemos decir que es un personaje poco trillado en la novela contemporánea- y me gusta como se desarrolla su complicidad con Richard, cómo interactúa con él.


  El juego que ambos mantienen aporta humor al relato y sus diálogos enganchan más que las intrigas que se van encontrando por el camino. No obstante, opino que cuarenta y ocho horas, por intensas que sean, no son suficientes para la historia de amor... ¿Por qué no un par de días más y así no había un"pero" en la historia?


  Aunque quizás chirrían menos, otras dos pegas que han empañado la lectura son el segundo plano al que se relega la muerte de los padres de Daniela (en una cabeza adolescente, la reciente pérdida  de los progenitores estaría muy presente) y lo inacabada que queda la trama de la Scotland Yard. Después de haber seguido desde dentro la investigación con Abberline, esta línea argumental queda en el aire.


 Otros elementos a valorar de la novela, son el epílogo y el anexo. Ambos, en conjunto, componen un broche final perfecto para la novela. El epílogo, del que no quiero desvelar nada, hace que el final de la novela gane muchos puntos después de un desenlace algo confuso, es inmejorable. Y el anexo nos da todas las respuestas a las muchas preguntas que nos surgen tras la lectura.


En definitiva, una novela divertida, adictiva y muy entretenida que gustará a los amantes de una ciencia ficción descafeinada o a los aficionados al género policíaco que busquen historias originales.

La librería del Señor Livingstone, Mónica Gutiérrez


 Agnes Marti es una arqueóloga en paro que se ha mudado a Londres en busca de una oportunidad laboral. Una tarde, desanimada y triste por su poco éxito profesional, tropieza en el corazón del barrio del Temple con el pomo de una puerta en forma de pluma, el sonido de unas lúgubres campanillas y el hermoso rótulo azul de Moonlight Books. 


  La librería, regentada con encantador ceño fruncido por Edward Livingstone, debe su nombre a un espectacular techo de cristal que permite contemplar la luna y las estrellas en las noches despejadas. Intrigada por la personalidad y el sentido del humor del señor Livingstone, Agnes decide aceptar la oferta de convertirse en ayudante del librero mientras continúa su búsqueda de trabajo. 


  El té de la tarde en el rincón de los románticos, las visitas de Mr. Magoo, las conversaciones con la bella editora de Edward, las cenas junto a la chimenea del Darkness and Shadow y la buena lectura convencerán a Agnes de que la felicidad está en los pequeños detalles cotidianos. Pero aunque Moonlight Books podría parecer un oasis de paz en el acelerado Londres, las extrañas campanillas de su puerta darán paso a los sucesos más inesperados: una noche de tormenta, el inspector John Lockwood... 




  Si no has disfrutado de esta novela aún, estás de suerte porque te puedo asegurar que tienes por delante, si finalmente te adentras en su lectura, unos ratos deliciosos. Unas horas que a mí, tras haber finalizado el libro, me encantaría haber pasado en una tarde de lluvia bajo una manta y con una humeante taza de chocolate. Así, me habría imbuido aún más en la londinense atmósfera que esta preciosa suerte de cuento navideño recrea.


  El entusiasmo que desprende esta crítica se debe a que , a veces, una se cruza en su camino con libros que parece que han sido escritos pensando en ella, con unos personajes, una ambientación y unas referencias o una inspiración mejor elegidos que si una misma hubiese pensado en ellos. Esta novela feelgood llegó a mis manos porque, primero su preciosa portada y después su sugerente sinopsis, atraparon poderosamente mi atención. Después, caí en la cuenta de que la autora me era conocida debido a la buena acogida que sus anteriores novelas tuvieron en el mundo blogger y debido, también, a que ella, Mónica, escribe en el blog Serendipia.


  Nunca me llamó la atención, hasta que di con Mónica Gutiérrez, el género feelgood. Ahora, me declaro amante del mismo y espero con impaciencia el momento en que pueda encontrar un rato para disfrutar de otra de sus historias.


 
Pero, ¿por qué me ha gustado tanto La librería del Señor Livingstone? Porque es un libro para, perdón por la redundancia, amantes de los libros. Un libro para lectores voraces que adoran las reflexiones literarias, las referencias a autores y títulos, las citas y que aprecian que, en ocasiones, la metaliteratura parezca, sencillamente, un personaje más. Pero, también es una divertida historia de enredos, una tierna historia de amor (no, necesariamente, en el sentido más romántico del término) y, también, una oda al optimismo y  un dulce alegato humanista. Porque  esta novela está tan sumamente bien escrita que leer es un placer (¡he subrayado la mitad del libro!).

 Y, quizás, también me haya deslumbrado tanto esta historia porque desde el primer momento me he identificado en gran medida con Agnes, su protagonista: arqueóloga en paro fascinada por las librerías que busca en Londres la manera de realizarse profesionalmente. Si me hubiese ido a Londres a probar suerte con la Arqueología tras acabar el Máster y acudir a varias excavaciones en lugar de exiliarla al rincón de los complicados sueños rotos, decididamente habría creído que Mónica hablaba de mí.


 Cuando Agnes está a punto de tirar la toalla, cansada de deambular por un frío y solitario Londres, se topa, calada hasta los huesos, con Moonlight books: una peculiar y mágica librería en Temple que cuenta con una claraboya para ver las estrellas en las rarísimas noches de cielo despejado, con el diario del famoso explorador escocés Livingstone presidiendo  en una vitrina el vestíbulo, con un Oliver Twist del siglo XXI de madre ocupada y habilidades sociales limitadas, con un rincón de los románticos para tomar el té y con un incansable escritor residente nada aficionado a acudir al  Starbucks a escribir como hacen sus análogos, entre otras muchas particularidades.

 Tal curioso y, al tiempo, encantador comercio es regentado por Edward, descendiente del antes mentado misionero anglosajón y librero de profesión. Al contrario que su antecesor, el espíritu intrépido y aventurero de Edward acaba en el mismo umbral de su librería, en la que pasa el tiempo enamorándose una y otra vez de las letras y de su editora favorita, Sioban. Edward, con una exquisita educación inglesa, hace gala de una lengua afilada y de un humor algo cínico y ácido que provocan en el lector un montón de sonrisas cómplices.

   Agnes comienza a trabajar para Edward y su vida comienza a cambiar. Ahora, Londres ya no se le antoja tan oscuro ni tan solitario ni tan triste... Ahora, en su vida cotidiana, ya no solo estará su alegre compañera de piso Jasmine, sino que empezarán a desfilar por ella personajes divertidos y carismáticos: el niño Oliver que pasa las tardes en el piso de arriba de la librería entre libros de astronomía, el propio librero, la editora, el contable, Charlie, sastre del establecimiento vecino, la Señora Dresden, la cliente más fiel y extravagante de la librería... Moonlight Books, en definitiva, constituye un refugio acogedor y hogareño del que uno no quiere salir jamás. 

 A raíz de la misteriosa desaparición del diario del famoso aventurero, entra en escena Jhon Lockwood, amigo de Sioban e inspector, que, a modo de favor, investiga, pese a las iniciales reticencias de Edward, el presunto hurto del ejemplar y que, de mientras, cae rendido ante la nueva librera, Agnes. Es con la línea argumental que Jhon protagoniza, con la que toma relevancia en la novela el divertidísimo toque cómico de enredos, casualidades y malentendidos que recorre varios escenarios de Londres y cercanías y presenta a nuevos personajes. Simplemente, irresistible.





  En resumen, la ambientación es mágica, los personajes son cautivadores y el argumento es la excusa vehicular perfecta para combinar los dos elementos anteriores. La novela avanza a un ritmo adecuado, puede que lento para algunos, perfecto para cada detalle que Mónica hilvana con una magnífica destreza en una pequeña y sencilla aventura urbana contada a través de un narrador omnisciente con una deliciosa pluma y una forma de narrar evocadora y repleta de guiños.